Chevron y Microsoft han sellado un contrato de 20 años que da un giro al mapa energético de la inteligencia artificial: una planta de gas natural de 2,67 gigavatios (GW) junto a un campus de centros de datos en el oeste de Texas, capaz de suministrar electricidad firme las 24 horas del día. El proyecto, bautizado como Project Kilby, empezará a operar por fases a partir de 2028 y demuestra que el gas natural, el recurso fósil más abundante de Estados Unidos, será el pilar de la era digital.
El acuerdo, una ‘power purchase agreement’ (PPA, contrato de compraventa de energía a largo plazo) sin precedentes, unirá la generación eléctrica y el consumo en el mismo emplazamiento, en pleno corazón de la Cuenca Pérmica. Chevron, uno de los mayores productores de gas estadounidenses, aprovechará así el gas que antes se quemaba o se perdía, transformándolo en electricidad para los servidores de Microsoft que entrenan los modelos de IA más avanzados. Según los datos del propio proyecto, la inversión generará cerca de 2.000 empleos y unos ingresos fiscales para Texas estimados en más de 10.000 millones de dólares.
La decisión de Microsoft no es casual. Un centro de datos hiperescalar no puede permitirse ni un microcorte: si los ventiladores se paran, los procesadores dejan de funcionar y millones de operaciones se pierden. Las energías renovables, que dominan la narrativa verde, requieren baterías y sobrecapacidad que aún no garantizan electricidad 24/7 a la escala que demanda la IA. La construcción de nuevas centrales nucleares, por su parte, se mide en décadas y en permiso regulatorios interminables. El gas natural, en cambio, se puede instalar en una fracción del tiempo y —en Texas— con una agilidad regulatoria impensable en otras latitudes.
La apuesta tecnológica de Project Kilby se apoya en turbinas de última generación de GE Vernova y equipos de Solar Turbines, combinados con controles avanzados de emisiones y sistemas de reutilización de agua salobre y producida. El resultado es una planta que minimiza su huella ambiental sin renunciar a la máxima disponibilidad. Además, al ubicar la generación justo donde se consume la electricidad, se eliminan los cuellos de botella de la red de transporte y las pérdidas de transmisión. Todo un manual de economía práctica aplicada a la nube.
El trasfondo económico es igualmente sólido. Estados Unidos se ha convertido en el mayor exportador mundial de gas natural licuado (GNL), pero también en el mayor consumidor industrial. A medida que los centros de datos se multiplican —se espera que su consumo eléctrico se duplique para 2030—, el gas natural se posiciona como la única fuente capaz de seguir el ritmo de crecimiento sin disparar los costes. Chevron, que controla toda la cadena desde la extracción hasta la generación, se asegura así un comprador estable durante dos décadas, y Microsoft blinda el suministro de electricidad a un precio predecible. Es el capitalismo estadounidense en estado puro.
El gas natural no es un combustible puente; es la base energética sobre la que se construye la inteligencia artificial.
La Lógica de Washington
En el trasfondo de este acuerdo privado late una lógica que va más allá del libre mercado. La administración federal, sea cual sea su signo, ha identificado la supremacía en inteligencia artificial como una prioridad de seguridad nacional. La orden ejecutiva sobre IA de 2023 ya establecía la necesidad de garantizar infraestructuras energéticas fiables para sostener el liderazgo tecnológico. Y en el Capitolio, tanto demócratas como republicanos coinciden en que la dependencia de cadenas de suministro extranjeras para la energía o los chips es un riesgo inasumible. Project Kilby encaja perfectamente en ese marco: utiliza recursos domésticos, genera empleo local y reduce la presión sobre unas redes eléctricas que en muchos estados ya están al límite. La lógica no es ideológica, sino física: sin energía constante, no hay IA. Y sin IA, no hay ventaja competitiva. Washington lo sabe.
Impacto para España: el GNL estadounidense bajo presión
España, que en 2025 importó cerca del 20% de su gas natural licuado de Estados Unidos, tiene motivos para prestar atención al giro del mercado americano. A medida que la demanda interna de gas natural crezca para alimentar centros de datos, es previsible que las exportaciones de GNL se reduzcan o se encarezcan, lo que podría tensionar los precios en el mercado europeo. Para un país como España, con una alta dependencia del gas para la generación eléctrica en momentos puntuales y para la industria, este cambio de patrón no es trivial. Empresas como Iberdrola, que opera en Estados Unidos a través de Avangrid, o Repsol, con intereses en el gas natural licuado, seguirán de cerca esta evolución. Al mismo tiempo, España alberga regiones de nube de los grandes hiperescalares, y Microsoft ya cuenta con centros de datos en el país. El modelo de co-ubicación energética podría encontrar aquí una versión adaptada, combinando el gas natural con las renovables que tan abundantes son en la península, aunque el sobrecoste del GNL importado sería un factor a sopesar.
Ficha del Caso
- El caso: Chevron y Microsoft firman un contrato de compraventa de energía (PPA) a 20 años para el Project Kilby, una planta de gas natural de 2,67 GW que abastecerá exclusivamente a centros de datos de inteligencia artificial en Texas. La operación refleja la apuesta del sector tecnológico por la electricidad firme frente a fuentes intermitentes.
- Datos clave: 2.670 megavatios de potencia, entrada en operación a partir de 2028, cerca de 2.000 empleos creados, 10.000 millones de dólares en ingresos fiscales estimados para Texas y un plazo contractual que blinda el suministro hasta 2048.
- Para España: La creciente demanda estadounidense de gas para centros de datos podría encarecer el GNL que España importa, afectando a los costes energéticos y al despliegue de infraestructuras digitales locales. Grandes empresas como Iberdrola y Repsol monitorizan el nuevo equilibrio del mercado.

