La Eurocámara aprueba un fondo de innovación en defensa y exige que Ucrania pueda beneficiarse

El programa AGILE, dotado con 115 millones para 2027, nace como piloto para acelerar la tecnología militar con ayudas simplificadas. La Eurocámara impone que Kiev pueda adquirir los desarrollos de forma prioritaria, lo que abre un debate sobre la transferencia tecnológica en plen

El Parlamento Europeo ha dado luz verde a la creación del programa AGILE, un fondo piloto de 115 millones de euros para 2027 con el que la UE quiere acelerar la innovación tecnológica en defensa. La Eurocámara exigió además que Ucrania pueda adquirir de forma prioritaria cualquier armamento o tecnología disruptiva desarrollada con esos recursos, según el texto aprobado este miércoles por las comisiones de Industria (ITRE) y de Seguridad y Defensa (SEDE).

La decisión no es aún legislación firme: es el mandato negociador que permite al Parlamento sentarse con el Consejo a partir de julio, bajo presidencia irlandesa, pero la orientación política quedó fijada por amplia mayoría. Los eurodiputados introdujeron varias enmiendas que recortan la burocracia para las pymes y abren la puerta a que Kiev se beneficie directamente de los resultados de la innovación europea.

AGILE financiará entre 20 y 30 proyectos, con una cobertura de hasta el 100% de los costes subvencionables y una cláusula retroactiva que permite reclamar gastos realizados hasta tres meses antes del cierre de la convocatoria. La idea es que el dinero fluya rápido hacia empresas emergentes y ‘scaleups’ que no tienen departamentos dedicados a gestionar subvenciones. Por eso, siempre que sea posible, las ayudas se concederán como pagos únicos y sumas globales, un mecanismo pensado para evitar que las firmas más innovadoras de Europa se ahoguen en papeleo.

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Los tres grandes grupos del hemiciclo hicieron causa común. El liberal letón Ivars Ijabs, ponente del informe, resumió la urgencia: “Europa no puede permitirse el lujo de ser lenta cuando la amenaza es rápida”. El polaco Borys Budka (PPE) subrayó que la guerra en Ucrania ha reescrito las reglas y que el pago único es clave porque las pymes más disruptivas no disponen de un equipo dedicado a subvenciones. Por su parte, el socialista croata Tonino Picula vinculó el apoyo a las empresas emergentes con la resiliencia europea frente a la dependencia de terceros.

El control sobre los beneficiarios será estricto: se excluirá a entidades de terceros países que contravengan los intereses de seguridad de la UE y sus Estados miembros. Es una cautela que responde a la experiencia de anteriores fondos europeos, donde capitales de terceros países asociados llegaron a participar indirectamente. Además, la ayuda a Ucrania se canalizará a través del llamado “préstamo de apoyo a Ucrania”, de modo que el origen del dinero quede trazado.

La otra gran novedad es que cualquier producto respaldado por AGILE podrá ser adquirido por Kiev, algo que los eurodiputados califican de “necesidad urgente”. La guerra ha demostrado que la superioridad tecnológica no reside en el volumen sino en la rapidez del ciclo de innovación, y el Parlamento quiere que Ucrania se beneficie de esos saltos con la misma velocidad que los Estados miembros.

AGILE es la respuesta europea a una guerra que no espera a los trámites, pero su éxito dependerá de que los Estados no politicen el acceso de Ucrania antes que el de sus propias industrias.

El Eje del Poder Europeo

Detrás de este programa piloto se mueve una geometría compleja. Francia, que siempre ha presionado por una Europa de la Defensa con un fuerte componente industrial, ve en AGILE un paso en la dirección correcta pero insuficiente: 115 millones es una cifra modesta comparada con los 8.000 millones del Fondo Europeo de Defensa (EDF) del periodo anterior. Alemania y los países frugales del norte apoyan la iniciativa de innovación porque encaja con su apuesta por el deep tech y las pymes, pero mantienen reservas sobre que el acceso prioritario de Ucrania acabe forzando transferencias de tecnología dual que no estén plenamente controladas.

Para España, el programa llega en un momento en el que la industria de defensa nacional reclama más protagonismo en los programas europeos. Empresas como Indra, Navantia o las numerosas pymes del sector aeroespacial y de ciberseguridad podrían aspirar a estos fondos, siempre que logren competir con los gigantes de otros Estados miembros. La condición de que las ayudas se simplifiquen con pagos únicos beneficia especialmente a un tejido industrial como el español, donde las pymes dominan pero suelen quedarse fuera de las convocatorias comunitarias por la complejidad administrativa. No obstante, el riesgo de que el dinero acabe concentrado en proyectos francoalemanes es real, como ha ocurrido en anteriores programas de I+D militar.

La presidencia irlandesa, que empezará en julio, actuará como mediadora en unas negociaciones que previsiblemente serán técnicas pero no exentas de fricción: algunos Estados miembros querrán suavizar la cláusula de acceso inmediato de Ucrania para proteger sus propios intereses industriales. Los próximos meses dirán si AGILE se convierte en el embrión de una nueva cultura de innovación en defensa o en otro piloto que nace con pocos recursos y demasiadas condiciones políticas.

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En esta redacción seguiremos de cerca la evolución del expediente. La Eurocámara ha marcado el terreno; ahora le toca al Consejo definir su posición y ver hasta qué punto está dispuesto a que Ucrania se siente en la mesa de la innovación militar europea antes incluso de ser miembro de la UE.