Rufián acusa a Boye de utilizar información privilegiada de los juzgados

El portavoz de ERC acusó al abogado de Carles Puigdemont de adelantar decisiones judiciales, lo que desató un choque con Junts. La tensión revela la pugna por la hegemonía independentista y el malestar interno con la estrategia de Waterloo.

Gabriel Rufián utilizó la comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso para lanzar un ataque inesperado. El portavoz de ERC acusó veladamente a Gonzalo Boye —abogado de Carles Puigdemont en Waterloo— de contar con información privilegiada procedente de los juzgados, una andanada que desató la indignación inmediata de Junts y puso al descubierto las costuras del bloque independentista. Mientras la ola de calor dejaba 13 victimas mortales en Cataluña —según los primeros balances—, el clima político se recalentaba hasta rozar el insulto.

La sesión, bronca y cruzada de reproches entre Sánchez y Feijóo, sirvió de telón de fondo. Rufián no buscaba acorralar al presidente del Gobierno —de quien depende en buena medida la legislatura— sino señalar al entorno del expresident fugado. El diputado de Esquerra se erigió en fiscal moral antes de apuntar directo a la línea más delicada para los neoconvergentes.

La denuncia velada desde la tribuna del Congreso

“Hay dos personas que adelantan decisiones judiciales en este país: Miguel Ángel Rodríguez y el abogado de Waterloo. ¿Por qué? ¿Qué está pasando allí?”, espetó Rufián. La mención simultánea del jefe de gabinete de Ayuso y del letrado de Puigdemont no fue casual: equiparaba las presuntas filtraciones del entorno del PP con las que, según insinúa ERC, benefician a Junts desde los pasillos judiciales.

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El portavoz republicano añadió que Junts y “su prensa” están “entregadísimos” a la moción de censura que impulsa Alberto Núñez Feijóo. La combinación de los dos mensajes —connivencia con los populares y manejo de información reservada— caldeó aún más el hemiciclo y encendió los móviles en Waterloo.

Boye no tardó en responder. Desde sus redes sociales, tildó a Rufián de “cobarde mantenido por todos nosotros” y le acusó de “poner a ciudadanos en la diana”. El choque se trasladó de inmediato a las filas de Junts en el Congreso.

El ataque de Rufián no iba contra Sánchez: era un misil dirigido a la línea de flotación de Junts, precisamente cuando más necesita distanciarse del «lawfare» judicial.

La indignación de Junts y el insulto máximo

El diputado Agustí Colomines reprochó el aplauso de los escaños de ERC tras la intervención de su portavoz y les acusó de deslealtad por “banalizar el exilio”. Fuera de la Cámara, Francesc de Dalmases y Josep Lluís Alay coincidieron en calificar a Rufián de “español”, el mayor desprecio que concibe un nacionalista catalán. No hubo matices: el portavoz de Esquerra se convertía en el enemigo íntimo del soberanismo más purista.

La sesión, festivo en Cataluña y laborable en Madrid, combinó el balance de la verbena de Sant Joan con un debate parlamentario que difícilmente pasará a la historia por su altura. La diputada de Junts, Míriam Nogueras, llegó a sugerir que Sánchez podría hacer un ‘Starmer’ —dimitir para colocar a otro presidente del PSOE— en un giro que recordó la reciente crisis británica.

Pero la verdadera trinchera se cavaba en la arena independentista, donde cada cruce de declaraciones alimenta una fractura que dura ya años y que condiciona tanto la gobernabilidad española como el tablero catalán.

Lectura política: la guerra soterrada por la hegemonía independentista

La acusación de Rufián no es inocente ni improvisada. ERC lleva meses buscando desmarcarse de la sombra alargada de Puigdemont, especialmente en todo lo que huele a presiones judiciales y a los llamados ‘pactos de Estado’. Señalar a Boye —cuya agenda y contactos dentro de los juzgados son vox populi en la política catalana— permite a los republicanos reforzar un doble mensaje: ellos no forman parte de la supuesta trama de filtraciones y, de paso, deslegitiman la estrategia de Junts de jugar la carta de la moción de censura.

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Desde Moncloa, la sacudida se sigue con atención, pero sin dramatismo. El Gobierno sabe que necesita los votos de ERC y que cualquier desgaste entre los de Oriol Junqueras y los de Waterloo le otorga margen en negociaciones futuras. No obstante, un independentismo más fragmentado también eleva el riesgo de que la legislatura se vuelva ingobernable si Junts decide romper definitivamente los puentes que, por ahora, mantiene con el Ejecutivo.

La mención a Miguel Ángel Rodríguez añade otra capa: al equipararlo a Boye, Rufián traza una línea que conecta Madrid y el Palau de la Generalitat en la crítica a las presuntas judicializaciones interesadas. El portavoz de ERC consigue así golpear a dos de sus principales adversarios con un solo tuit amplificado por la tribuna del Congreso. La factura interna, sin embargo, puede ser alta: en Junts no olvidan, y la próxima votación clave podría resentirse.

Mientras el termómetro baja lentamente en las calles de Barcelona —tras una verbena que se saldó con 39 detenidos y un millar de actuaciones de los Bombers—, en el Parlament y el Congreso el calor político promete seguir subiendo. Porque lo que está en juego no es solo un cruce de insultos, sino la hegemonía de un bloque independentista que asiste, dividido, a un nuevo ciclo electoral donde cada movimiento cuenta.