Almería no solo es la primera potencia hortofrutícola de España; también es la gran puerta de entrada de los alimentos andaluces al Reino Unido. La provincia concentra más de la mitad de las exportaciones agroalimentarias de Andalucía hacia el mercado británico, según los últimos datos de Andalucía Trade correspondientes al primer cuatrimestre de 2026.
El dato, que consolida una tendencia de casi una década, muestra la fortaleza de un sector que ha sabido esquivar los obstáculos del Brexit para seguir llenando los lineales británicos de tomate, pimiento, pepino y berenjena almerienses. En 2025, Andalucía exportó a Reino Unido productos agroalimentarios por valor de 1.108 millones de euros, frente a los 1.017 millones de 2016. De esa cantidad, Almería aportó más del 50%, escalando posiciones hasta arrebatar a Huelva la hegemonía histórica en ese mercado.
El peso del capítulo de hortalizas, plantas, raíces y tubérculos alimenticios no ha dejado de crecer. Si en 2016 representaba el 68,9% del total de las ventas de Almería a la isla, el año pasado ya era del 73,3%. Y aunque la evolución de las exportaciones ha conocido picos —los mayores se dieron en 2021 y 2022 con 531,5 y 486,3 millones de euros, respectivamente—, la curva ascendente se mantiene firme.
La hegemonía almeriense en cifras
Los números del primer cuatrimestre de 2026 confirman el pulso. Almería vendió a Reino Unido productos agroalimentarios por valor de 282 millones de euros, un 19,4% más que en el mismo período del año anterior. Esos 282 millones representan el 50,3% de los 560,7 millones que Andalucía exportó en total al mercado británico entre enero y abril. Una concentración que coloca a la provincia en el segundo puesto del ranking andaluz de exportaciones totales a aquel país.
Además de las hortalizas, la cesta almeriense incluye frutas y frutos comestibles, preparaciones de hortalizas, pescados y crustáceos, y un pequeño pero creciente capítulo de aceites y grasas vegetales. La dependencia del canal hortofrutícola, sin embargo, es mayoritaria y explica el avance: a más invernadero, más capacidad para satisfacer la demanda constante del consumidor británico, que no entiende de estacionalidades.
Con más de la mitad de todas las exportaciones agroalimentarias andaluzas al mercado británico, Almería ha demostrado que su modelo de invernadero es una máquina de competitividad global.
El relevo de liderazgo provincial no es un hecho menor. Almería ha ido comiendo terreno a Huelva durante la última década. Si al inicio de la serie, en 2016, la provincia onubense mantenía aún la supremacía en las ventas de alimentos a Reino Unido, hoy Almería es la reina absoluta de este segmento. La intensificación productiva, la apuesta por la calidad y la mejora logística desde el puerto almeriense explican ese vuelco.
Reino Unido, segundo cliente de Almería
El mercado británico se ha consolidado como el segundo destino de las exportaciones almerienses, solo por detrás de Alemania. Francia, que durante años ocupó la segunda plaza, ha pasado al tercer puesto. La diversificación geográfica de la provincia sigue siendo sana, pero la dependencia del canal británico es ya estructural: uno de cada dos euros que Andalucía ingresa por alimentos en Reino Unido sale de los campos de Almería.
En el capítulo de importaciones, Almería también mantiene un intercambio fluido con el país. Compra preparaciones alimenticias diversas, residuos de la industria alimentaria, cacao y sus preparaciones, azúcares y confitería, así como bebidas y vinagres. Se trata de un comercio bidireccional que refuerza la interdependencia entre ambas orillas, a pesar de los aranceles y los controles que el Brexit introdujo.

La Lectura Andaluza
El dato encierra una lección de adaptación. Cuando el Reino Unido abandonó la Unión Europea, muchos temieron que las barreras comerciales asfixiaran a un sector que vive de la frescura y la rapidez. Diez años después, Almería ha logrado no solo mantener sino incrementar su presencia, apoyada en unos costes competitivos y en una red comercial que ha sabido fidelizar al importador británico. El comportamiento de las exportaciones agroalimentarias andaluzas durante la última década es, en buena medida, la historia de una doble resistencia: la del productor almeriense y la del consumidor británico.
Para la vida cotidiana de los andaluces, esta fortaleza exportadora se traduce en empleo estable en el Poniente Almeriense, en la generación de riqueza en decenas de municipios agrícolas y en la necesidad de seguir invirtiendo en infraestructuras hídricas y logísticas. Cada temporada, miles de familias dependen de que la cadena de frío funcione y de que los precios en origen cubran los costes de producción. Mantener el liderazgo exige, además, una apuesta permanente por la innovación varietal y la sostenibilidad, dos factores que el comprador británico valora cada vez más.
De cara al futuro, la previsión es que Reino Unido siga siendo un destino prioritario. Las campañas de promoción de Andalucía Trade y la participación en ferias como Fruit Logistica continuarán abriendo puertas. La gran incógnita es si la estabilidad del tipo de cambio y la evolución de los acuerdos fitosanitarios permitirán mantener el ritmo de crecimiento. Lo que parece claro es que, en el tablero agroalimentario andaluz, Almería ha ganado una partida que parecía complicada. Y lo ha hecho con las herramientas de siempre: sol, agua, trabajo y una capacidad de adaptación que ya es seña de identidad de la provincia.

