La DGT lo ha confirmado con datos: entre el 30% y el 50% de lo que gastas en gasolina depende, literalmente, de cómo conduces. No del coche, no del motor, no de si es diésel o gasolina. De ti. Y en viajes largos, esa diferencia se nota en el bolsillo cada vez que paras a repostar.
El truco no es ningún secreto oculto, pero casi nadie lo aplica de forma sistemática: mantener una velocidad constante de 90 km/h en lugar de 120 km/h en carretera. Según los propios estudios que maneja Tráfico, ese simple ajuste reduce el consumo de combustible entre un 15% y un 20%, sin cambiar de coche ni gastar un euro en mejoras.
Lo que dice la DGT sobre el consumo en carretera
La explicación es física, no magia. A mayor velocidad, mayor resistencia del aire, y el motor necesita más energía para vencerla. Por eso circular a 120 km/h en lugar de 90 km/h dispara el gasto de forma exponencial, no lineal, aunque la sensación al volante sea que «solo» son 30 km/h de diferencia.
La DGT insiste en que este no es un consejo aislado, sino parte de un paquete de medidas de conducción eficiente que llevan años difundiendo. El problema es que se sigue percibiendo como una recomendación menor, cuando en realidad es la que más impacto tiene en trayectos largos, precisamente porque se mantiene durante horas.
Por qué el estilo de conducción pesa más que el motor
La DGT ha sido clara en sus comunicados: entre el 30% y el 50% del gasto de combustible depende directamente de la manera de conducir, no de las características técnicas del vehículo. Esto incluye desde la velocidad hasta el uso de las marchas, pasando por la anticipación en frenadas y aceleraciones. La técnica se enmarca dentro de lo que se conoce como conducción eficiente, un conjunto de hábitos al volante pensado para reducir tanto el consumo como el desgaste del vehículo y las emisiones contaminantes.
No se trata de conducir más despacio por sistema, sino de evitar los picos de aceleración y frenada que son los que realmente disparan el consumo. Un coche que circula de forma fluida, a marchas largas y sin sobresaltos, puede ahorrar el equivalente a varios llenados de depósito al año sin que el conductor note ningún sacrificio real en tiempo de viaje.
Los hábitos que la DGT recomienda combinar
Circular a velocidad constante es solo una pieza del puzle. La propia DGT recuerda que el aire acondicionado, usado sin necesidad, puede aumentar el consumo entre un 10% y un 20% adicional, así que conviene reservarlo para cuando realmente hace falta y no dejarlo encendido por inercia durante todo el trayecto.
También influye, y mucho, el peso que carga el coche. Llevar el maletero lleno de objetos que no se van a usar, o montar una baca mal aerodinámica, penaliza el consumo de forma silenciosa pero constante. Revisar la presión de los neumáticos antes de salir de viaje es otro de esos gestos que cuestan dos minutos y evitan un sobreconsumo que se arrastra durante cientos de kilómetros.
Marchas largas: el hábito que menos se aplica
Uno de los puntos en los que la DGT más insiste, y que menos se practica en el día a día, es circular con la marcha más larga posible siempre que las condiciones del tráfico lo permitan. Los motores actuales están diseñados para funcionar bien a bajas revoluciones, así que no hace falta apurar las marchas cortas ni siquiera dentro de la ciudad.
Como referencia orientativa, la DGT indica que antes de llegar a los 50 km/h ya se podría circular perfectamente en cuarta o incluso en quinta marcha, sin forzar el motor. Este hábito, combinado con una conducción anticipativa que evite frenazos de última hora, es lo que realmente marca la diferencia en trayectos largos por autovía.
Cuatro gestos que resumen la conducción eficiente según Tráfico:
- Mantener una velocidad constante en torno a 90 km/h en carretera
- Usar marchas largas y evitar revolucionar el motor sin necesidad
- Revisar la presión de los neumáticos antes de viajes largos
- Limitar el uso del aire acondicionado a lo estrictamente necesario
Lo que viene: coches más inteligentes, pero el hábito sigue mandando
La tendencia de los próximos años apunta a vehículos con asistentes de conducción eficiente integrados, capaces de avisar en tiempo real cuando el conductor acelera de más o frena de forma brusca. Ya hay modelos que muestran en el cuadro un indicador de «eco-conducción» que premia visualmente los trayectos más suaves.
Aun así, ningún sistema sustituye el criterio del conductor. La tecnología puede avisar, pero el ahorro real sigue dependiendo del pie en el acelerador. Aplicar estos hábitos de forma constante, y no solo cuando se recuerda el consejo, es lo que convierte un gesto puntual en un ahorro que se nota mes a mes en la cuenta del combustible.


