El Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol sostiene casi 12.000 empleos directos y medio millar de empresas repartidas por sus 15 kilómetros cuadrados de instalaciones.
Los números lo sitúan como el cuarto aeródromo de España por volumen de pasajeros, solo por detrás de Madrid-Barajas, Barcelona-El Prat y Palma de Mallorca. Entre enero y agosto de 2026 han pasado por sus terminales casi 20 millones de viajeros, una cifra que confirma una actividad sostenida durante todo el ejercicio y no solo en los meses de temporada alta.
El mes de agosto fue el mejor termómetro. Más de tres millones de personas transitaron por las instalaciones, lo que supone una media de 100.000 usuarios al día. Traducido a la vida real, cada jornada concentró dentro del recinto a una población equivalente a la de todo el municipio de Mijas. En esos treinta días aterrizaron o despegaron más de 20.000 aviones, y el 85% de los pasajeros tenía como origen o destino Reino Unido, Alemania, Italia, Francia u Holanda.
Trabajo dentro de la valla: casi 12.000 empleos y medio millar de empresas
La masa laboral del aeródromo equivale a la población conjunta de dos barrios de Málaga, Suárez y El Ejido. Dentro de esa cifra entra el personal propio de Aena, la empresa pública que gestiona la infraestructura, y también los trabajadores de las compañías implantadas en el recinto: asistencia en tierra, restauración, comercio, mantenimiento, seguridad y logística.
Las alrededor de 500 empresas que operan intramuros dibujan un ecosistema muy desigual. Conviven negocios de apenas dos operarios con sociedades que superan los 200 trabajadores, todas dependientes del mismo flujo: los aviones que llegan y salen cada día. El efecto, sin embargo, desborda la valla perimetral y alcanza también a hoteles del entorno, aparcamientos para viajeros y transporte discrecional.
El aeropuerto de Málaga no es solo una terminal: es el mayor centro de empleo privado de la provincia, con casi 12.000 puestos directos.
Quien aterriza en Málaga y alquila un coche para subir a la Costa del Sol alimenta, sin saberlo, una industria con nombre propio. La Asociación Empresarial de Vehículos de Alquiler de Andalucía (AESBA) reúne a más de 200 compañías y gestiona una flota conjunta de 30.000 vehículos. La provincia concentra el 52% de las empresas de rent a car de toda la comunidad, donde conviven multinacionales con firmas locales y familiares de facturación media cercana al medio millón de euros.
Rent a car y VTC: las dos patas que sostienen el negocio

La presidenta de AESBA, Ana María García, resume la dependencia del sector con una frase: “el aeropuerto es el epicentro y el volumen más grande, porque la mayoría de los clientes llegan al aeropuerto y porque el 80% de los vehículos que se mueven en Andalucía salen de aquí”. El perfil del usuario confirma esa ligazón: el 85% de los clientes del alquiler está vinculado al turismo y nueve de cada diez proceden del extranjero, con Reino Unido y Alemania a la cabeza. El verano concentra casi la mitad de la demanda anual, y con ella llegan las peticiones de monovolúmenes de siete plazas; el resto del año, el golfista reclama espacio para los palos y el equipaje. Las flotas se renuevan de forma continua, con una antigüedad habitual de dos años y un máximo de tres o cuatro.
El otro gran sostén son las VTC. A lo largo de 2025 realizaron casi 16 millones de servicios en la provincia de Málaga, y la patronal andaluza calcula que alrededor del 30% de esos traslados guarda relación directa con el recinto aeroportuario. Pablo García, presidente de la Asociación Empresarial de VTC Andalucía, lo explica sin rodeos: “los dos puntos neurálgicos de la Costa del Sol son la puerta de entrada y la puerta de salida de todo el turismo”. El sector arrastra, eso sí, una limitación operativa: no puede estacionar a menos de 300 metros de la terminal, mientras que el taxi dispone de parada reservada, lo que penaliza sus tiempos de recogida.
La Lectura Andaluza
Que el aeropuerto de Málaga sostenga casi 12.000 empleos directos dice mucho de la economía andaluza y tambien de su estructura. La comunidad lleva años apoyándose en el turismo como motor, y ese motor tiene una puerta concreta: la terminal malagueña. De cada cien vehículos de alquiler que circulan por Andalucía, ochenta arrancan en sus aparcamientos. Esa concentración explica por qué el rent a car malagueño agrupa más de la mitad del negocio andaluz del sector y por qué las VTC pelean cada metro de acceso a la terminal.
Para el lector de a pie, el dato tiene traducción inmediata: empleo estable en un territorio donde el mercado laboral sigue castigado por la estacionalidad. El turismo es uno de los sectores que la Junta de Andalucía considera estratégicos en sus planes de crecimiento, y el aeropuerto malagueño es su principal puerta de entrada. El aeródromo genera trabajo durante todo el año, pero el verano concentra la mitad de la demanda de alquiler, y eso obliga a las empresas a dimensionar plantillas y flotas según una curva muy marcada. Repartir ese flujo por los meses de invierno, con el turismo de golf, cultural y de congresos como palancas, sigue siendo una de las asignaturas pendientes de la economía andaluza.
La proyección es clara. Con la temporada alta ya cerrada, el aeropuerto entra ahora en los meses de turismo senior y de golf, y Aena publicará en enero las cifras definitivas de un ejercicio que aspira a mantener la cuarta posición nacional. En paralelo, seguirá abierto el debate sobre la regulación de las VTC en los accesos a la terminal, con la patronal reclamando condiciones equiparables a las del taxi. Y la próxima campaña de verano volverá a poner a prueba la capacidad de un recinto que ya mueve, cada día de agosto, a toda la población de Mijas.
Andalucía presume de aceite, de fruta y de tecnología, pero su primer motor de empleo sigue teniendo forma de pista de aterrizaje.

