4El televisor: la diferencia entre el botón de apagado y el ‘inicio rápido’
Darle al botón del mando no equivale a apagar el televisor. En la mayoría de los modelos actuales, esa pulsación corta solo apaga la pantalla y el sonido: el sistema operativo sigue funcionando —o queda en una suspensión ligera, con la memoria RAM alimentada— para que la imagen reaparezca en segundos. Es lo que los fabricantes llaman inicio rápido, arranque instantáneo o «Quick Start +» según la marca, y en muchos menús aparece activado de fábrica. La clave está en que el piloto rojo no distingue entre las dos situaciones: un televisor con inicio rápido encendido y otro realmente apagado se ven igual desde el sofá. La normativa europea de diseño ecológico (Reglamento 2019/2021) limita la espera a 0,5 W y el modo apagado a 0,3 W desde marzo de 2021, pero permite hasta 2 W —y 7,7 W con funciones adicionales— en la espera en red, la que mantiene viva la conexión a internet para actualizaciones o encendido remoto.
Ese es el margen por el que se cuela el gasto. Los propios manuales lo reconocen: el fabricante Metz advierte de que activar el arranque rápido eleva el consumo en espera de 0,5 W a menos de 2 W, y otras mediciones sitúan el salto hasta los 5 W, multiplicando por cinco o diez lo que gasta un equipo bien apagado. El problema no es cada vatio, sino las horas: la televisión pasa enchufada casi todo el año. La OCU estima que el consumo fantasma ronda el 10% de la factura eléctrica de un hogar español —unos 375 kWh y entre 40 y 60 euros anuales— y sitúa al televisor como uno de los principales responsables. Sus cálculos para un LCD de 37 pulgadas apuntan a unos 2 W en reposo, unos 17 kWh y unos 3 euros al año; con el inicio rápido activado, esa cifra se dispara sin que el usuario note nada. Para evitarlo, basta con mantener pulsado el botón hasta que aparezca la opción de apagar del todo, elegir el apagado profundo en el menú o conectar el equipo a una regleta con interruptor.

