4Frenos: pastillas, discos y líquido de frenos
Pocos elementos justifican tanto estar en esta lista como los frenos. La propia DGT sitúa un sistema de frenado en mal estado como la segunda causa de accidente por motivos mecánicos entre los automovilistas españoles, y advierte de que con el asfalto mojado la distancia de frenado puede llegar a duplicarse: a 90 km/h se necesitan 32 metros más que en seco para detener el coche. Antes del primer temporal de otoño conviene medir el espesor de las pastillas —por debajo de 3 mm toca sustituirlas y por debajo de 2 mm es urgente— y revisar los discos, que de forma generalizada se cambian entre los 75.000 y los 100.000 kilómetros. Cuando llueve, además, hay que activar suavemente el pedal de vez en cuando para secar la humedad que se acumula sobre discos y pastillas y que resta eficacia a la frenada.
El líquido de frenos es el gran olvidado del mantenimiento, y ahí está parte de su peligro. Es higroscópico, absorbe humedad con el tiempo y pierde punto de ebullición aunque el pedal siga respondiendo con normalidad; los fabricantes recomiendan cambiarlo cada dos años o cada 40.000 o 60.000 kilómetros. Un DOT 4 debe aguantar 230 °C en seco y 155 °C en húmedo, y cuando el fluido hierve se forman burbujas de vapor que dejan el pedal esponjoso. La sustitución preventiva ronda entre 30 y 100 euros según tarifas, muy lejos de lo que cuesta reparar pinzas o el cilindro. En la ITV la advertencia es clara: los frenos concentraron el 12% de los defectos graves detectados en 2023, la cuarta causa más habitual.

