Pekín acelera el avance de la industria de chips china hacia la autosuficiencia en inteligencia artificial pese a los controles de exportación de Estados Unidos. Lo hace con Huawei como punta de lanza y con una hoja de ruta que ya suma más de una década.
Huawei admite el cuello de botella mientras Pekín acelera
La compañía reconoció a mediados de septiembre que no puede fabricar suficientes chips de IA para cubrir la demanda interna y que está limitando sus ventas al exterior. Lo dijo Eric Xu, su presidente rotatorio, durante la conferencia Huawei Connect celebrada en Shanghái.
El chip Ascend 950DT, según la compañía, ha dado buenos resultados. Xu espera que muchos desarrolladores chinos entrenen sus modelos con él en 2027. La meta no es menor: reducir la dependencia de los procesadores de Nvidia, cuyos chips siguen marcando el estándar del mercado. ‘No podemos aceptar que nuestro destino lo decidan otros’, sostuvo el directivo.
Detrás de esa ambición hay una estrategia de largo recorrido. En 2014, Pekín puso en marcha el Fondo Nacional de Inversión en la Industria de Circuitos Integrados, conocido como el Big Fund, para inyectar capital estatal en la fabricación de semiconductores. En abril de 2025, Xi Jinping insistió en la ‘autosuficiencia’ y en construir un ecosistema de IA ‘controlable de forma autónoma’, según recoge la RAND Corporation.
La estrategia técnica también importa. Huawei pretende compensar la menor potencia de sus chips conectando hasta 100.000 de ellos en un único sistema de cómputo: sumar por volumen lo que no se logra por vanguardia. En paralelo, Pekín ha desincentivado la compra de los chips H200 de Nvidia, aunque en agosto permitió a ByteDance y Tencent adquirir más unidades para no perder comba frente a las compañías estadounidenses.
Los expertos, sin embargo, rebajan el optimismo. Ryan Fedasiuk, investigador del American Enterprise Institute, sostiene que la capacidad china sigue siendo baja y que probablemente se mantendrá muy por debajo del ecosistema liderado por Estados Unidos. Kyle Chan, del centro sobre China de la Brookings Institution, reconoce avances desde los controles de octubre de 2022 aprobados bajo la administración de Joe Biden, pero subraya que China sigue enfrentando cuellos de botella en el volumen de producción.
La autosuficiencia china en chips no nace como respuesta a los controles: es un plan trazado desde 2014 para no depender nunca más de Washington.
El reloj corre.
Washington prepara el siguiente cerco y Europa mira de reojo

En el Capitolio, la respuesta legislativa ya está sobre la mesa. El proyecto de ley MATCH (Multilateral Alignment of Technology Controls on Hardware), de apoyo bipartidista, busca restringir el acceso chino a los equipos avanzados de fabricación de semiconductores. El senador republicano por Indiana Jim Banks anunció en julio que la iniciativa podría incorporarse a la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA), el paquete anual de gasto militar que el Congreso está obligado a renovar cada año.
Nvidia libra su propia batalla en Washington. La empresa trabaja para que los legisladores recorten las normas que le impedirían vender chips avanzados a China, y su consejero delegado, Jensen Huang, ha argumentado que restringir la difusión de la tecnología estadounidense acaba jugando en contra de la propia hegemonía americana.
Nadie dijo que fuera gratis.
Para España y el resto de Europa, el pulso se libra en dos frentes. El primero es la memoria: los fabricantes chinos CXMT y YMTC pujan por entrar en un mercado dominado por los surcoreanos Samsung y SK Hynix, en plena escasez global que los expertos prevén que se prolongue hasta 2027 y posiblemente más allá. El segundo es la autonomía: la UE trata de reducir su dependencia de los chips de IA importados a través de la Ley de Chips Europea, mientras España despliega su PERTE Chip para atraer inversión en semiconductores.
La Lógica de Washington
Lo que observamos es que Washington no improvisa con los controles de exportación. La lógica es la misma que llevó a Estados Unidos a liderar el CoCom durante la Guerra Fría, el régimen multilateral que durante cuatro décadas negó tecnología avanzada al bloque soviético. El objetivo no es un castigo comercial, sino mantener a China dependiente del cómputo estadounidense el mayor tiempo posible.
La coalición que sostiene esta política es ampliamente bipartidista. Republicanos y demócratas comparten la tesis de que la ventaja en inteligencia artificial es una cuestión de seguridad nacional, no solo de competitividad. Eso explica que el MATCH Act y otras iniciativas contra China puedan colarse en una ley de defensa que el Congreso debe aprobar cada año. Eso sí, hay una contradicción interna: Nvidia y parte del Partido Republicano temen que el cerco acelere en en justo lo que pretende evitar, una China capaz de fabricarlo todo en casa.
Washington no pide permiso.
Pekín tampoco.
Para España, el riesgo real no es la geopolítica en abstracto, sino la factura de importación de componentes y el precio de la memoria. Occidente no puede permitirse perder el pulso tecnológico, pero tampoco puede fabricar solo. La próxima ventana clave será la tramitación de la NDAA, donde se decidirá si el MATCH Act entra en vigor y con qué alcance. Madrid y Bruselas seguirán cada movimiento de cerca.
Ficha del Caso
- El caso: China impulsa su industria de semiconductores para depender menos de los chips de IA occidentales, con Huawei como gran apuesta nacional y un plan estatal que arranca en 2014.
- Datos clave: Huawei admite falta de capacidad, limita ventas y sitúa el Ascend 950DT en el centro de su estrategia para 2027. El Senado estudia incluir la ley MATCH en la NDAA para frenar el acceso chino a equipos avanzados.
- Para España: El pulso afecta al precio de la memoria y a la dependencia europea de chips de IA importados. Bruselas y Madrid refuerzan sus propias estrategias con la Ley de Chips Europea y el PERTE Chip.

