Andalucía cumple cien días de coalición entre el PP y Vox con la vista puesta en el 29-N. Lejos del ‘lío’ que algunos auguraban dentro de ambos partidos, los socios exhiben parabienes cruzados y una comunicación que sus portavoces describen como ‘casi diaria’. El banco de pruebas ha superado los primeros exámenes.
Cien días de coalición sin aristas: el balance que exhibe Moreno
La Junta afronta el segundo semestre con unos Presupuestos que, según el Gobierno andaluz, se presentarán en tiempo y forma. Ese es el argumento central que Juanma Moreno repite: estabilidad frente al ruido del Ejecutivo de Pedro Sánchez. La ‘vía andaluza’, con la moderación por bandera, tenía el reto de encajar a Vox en San Telmo. El PP andaluz necesitó dos escaños de los de Santiago Abascal pese a ampliar su base de votantes el 17 de mayo, y las negociaciones resultaron arduas, con mensajes poco amistosos entre las partes.
Una vez alcanzado el ‘pacto de los 150 puntos’, con Manuel Gavira como vicepresidente, llegaron las tensiones antes de las vacaciones. Criterios dispares en materia de cambio climático, la figura del ‘padre de la patria andaluza’ Blas Infante, el discurso ante la violencia de género, o la inmigración, con el caso de la Mezquita del Polígono Norte de Sevilla en el centro. El 30 de agosto, Vox pidió incluso una reunión de la comisión de seguimiento del pacto después de que Moreno se sumara a los 25 millones de ayuda de las comunidades autónomas para sostener a los ‘invasores’ de Ceuta. Esa petición se diluyó con el arranque del curso.
El portavoz del Grupo Popular en el Parlamento andaluz, Toni Martín, resume el momento: un gobierno ‘sin aristas y sin roces’ que ‘trabaja con la prioridad absoluta del interés de los andaluces. Su homóloga en Vox, Paula Badanelli, va más allá y sostiene que el pacto se mantiene ‘en condiciones extraordinarias’. ‘Se está cumpliendo todo lo firmado y no ha habido ningún punto de fricción’, añade.
Mientras Gavira ha adoptado un perfil institucional, lejos de la beligerancia de la primera mitad del año, Moreno se ha mostrado más tajante en su negativa al reparto de menores de Ceuta. Juntos presentaron hace dos semanas el primer Plan de Calidad y Simplificación Normativa, defendido como proyecto ‘de todo el Gobierno’.
Lo que Génova observa en Andalucía no es una coalición de conveniencia, sino el ensayo general de un modelo de gobierno que aspira a repetirse en La Moncloa.
El 29-N como examen nacional de la convivencia PP-Vox
Si las encuestas van bien encaminadas, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal se verán en una tesitura parecida a la que ya se vivió en Andalucía. Los mensajes que llegan desde el sur son, por ahora, un aval para un pacto que muchos consideran inevitable. La coincidencia de calendario resulta reveladora: lo que se cuece en Andalucía tiene implicaciones más allá de Despeñaperros.
La oposición lee estos cien días en clave opuesta. El PSOE sostiene que a Moreno ‘se le ha caído la careta de moderado’ y que ‘la ultraderecha’ ha entrado en el palacio de San Telmo. Desde la izquierda se acusa al Gobierno andaluz de ‘negacionismo’ después de que las atribuciones de Justicia en materia de violencia de género recayeran en Vox. Se sigue con atención la política de dependencia, la gestión de la vivienda, la inmigración y el diálogo social, donde Vox ya ha avanzado que habrá un 50% menos de dinero en subvenciones para sindicatos.
Las elecciones generales del 29-N servirán también para testar entre los andaluces la aceptación del pacto. Un acuerdo que nació con voluntad de estabilidad y a cuatro años vista, y que encara su segundo semestre con visos de convertirse en el manual que la derecha quiere copiar a nivel nacional.
El Eje del Poder Popular
La lectura estratégica que hace Génova es nítida. Andalucía funciona como laboratorio: si la convivencia con Vox no erosiona a Moreno, el PP tendrá argumentos para defender ante el electorado que la coalición no resta, sino que suma. El pulso interno del partido se juega ahí. Los barones autonómicos —Isabel Díaz Ayuso en Madrid, Alfonso Rueda en Galicia, Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana— observan con atención un modelo que algunos ven exportable y otros consideran irrepetible fuera del sur.
El aterrizaje territorial es la clave. Andalucía ha acaparado el foco político de 2026 y su Gobierno de coalición se ha convertido en referencia para el resto de comunidades populares: la política de vivienda, la gestión de la dependencia o la negociación presupuestaria se miran ahora desde San Telmo. Si Moreno presenta cuentas en plazo y sin ruptura, el mensaje para Moncloa es incómodo: la estabilidad no es patrimonio del Gobierno central.
El riesgo, sin embargo, no desaparece. El 30 de agosto demostró que Vox conserva resortes para tensar el pacto cuando el asunto lo justifica. La cartera de Justicia en manos de Vox y las competencias sobre violencia de género siguen siendo el flanco más expuesto, y la oposición lo explotará hasta el 29-N. Génova lo sabe.
La comparación histórica ayuda. En 2018, el pacto del PP con Vox y Ciudadanos puso fin a casi cuatro décadas de gobiernos socialistas en la Junta, un precedente que ya demostró que la derecha podía gobernar Andalucía. Ahora, sin mayoría propia, el partido vuelve a depender de Vox. La diferencia es que esta vez no hay sorpresa: hay un pacto firmado, una estructura de gobierno compartida y un calendario nacional que convierte Andalucía en escaparate.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: La coalición PP-Vox en Andalucía demuestra que gobernar con Vox no resta: refuerza la alternativa de estabilidad del PP frente al ruido de Moncloa.
- Protagonista: Juanma Moreno (presidente de la Junta de Andalucía), con Toni Martín (portavoz del GPP andaluz) y Paula Badanelli (portavoz adjunta de Vox).
- Próximo hito: Presentación de los Presupuestos andaluces en plazo y comisión de seguimiento del pacto, con el 29-N como telón de fondo.

