El laberinto burocrático que retrasa más de un año las ayudas del coche eléctrico

El Plan Moves ha subvencionado miles de coches eléctricos que sus compradores todavía no han cobrado. La ayuda se concede por resolución, pero el dinero llega cuando la comunidad autónoma cierra la tramitación y se transfieren los fondos: entre un momento y otro pasan meses y, en los expedientes más lentos, más de un año. Quien compra adelanta el dinero, financia la compra y asume el riesgo de que el pago se demore. Y el programa se ha prorrogado varias veces con el ejercicio ya empezado.

La lista no ordena comunidades ni busca culpables: sigue el recorrido de una ayuda desde que se concede hasta que se ingresa y se detiene en los puntos donde el expediente se atasca. El criterio es el del comprador que ya ha pagado el coche y espera. Por eso pesan tanto el calendario presupuestario, que empuja los abonos al cierre del ejercicio, y la fase de subsanación de documentos, como la distinta velocidad de las comunidades autónomas o el coste de renunciar a la ayuda, pedir un préstamo o aceptar que el concesionario adelante el dinero.

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Renuncias, préstamos y concesionarios que adelantan el dinero: el coste para quien espera la ayuda

A scattered pile of various euro banknotes including twenty, one hundred, and two hundred denominations
Foto de Ibrahim Boran en Unsplash

Quien compra un eléctrico con ayuda del Moves no recibe un descuento: adelanta dinero. La subvención —4.500 euros para un turismo sin achatarramiento y hasta 7.000 con la entrega de un coche viejo— se cobra meses o años después, de modo que el comprador financia de su bolsillo una cantidad que en muchos casos no tiene. De ahí que concesionarios y financieras hayan tapado el hueco con créditos puente y cuotas programadas: hay operaciones con vencimientos a once meses y contratos en los que la letra del mes 19 coincide exactamente con los 7.000 euros de la ayuda, sobre la promesa de que para entonces ya habrá llegado. Cuando no llega, la subvención se convierte en deuda con intereses: afectados que han tenido que pedir un préstamo personal para devolver al concesionario los 7.000 euros que este descontó en su día, o que llevan quince meses pagando cuotas por una solicitud que, según les confirmó la propia agencia autonómica, nunca llegó a presentarse.

La salida más barata para muchos es renunciar. Hay expedientes cerrados por desistimiento en varias comunidades y asociaciones de afectados describen a compradores que han dejado de pelear la ayuda y asumen el sobrecoste, con el incentivo convertido en un mal negocio. Del otro lado, los vendedores también han fijado su límite: la rentabilidad media del sector fue del 1,38% en el tercer trimestre y el 26,2% de los concesionarios cerró en pérdidas, así que Faconauto considera «inviable» que adelanten las ayudas con recursos propios. Ese pulso explica que el relevo, el Plan Auto+, nazca con el mismo riesgo: promete descuento en el concesionario, pero las redes avisan de que solo lo aplicarán si el Gobierno paga en semanas, como ocurrió con las ayudas de la DANA. Mientras, la lista de espera roza las 40.000 operaciones.

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