Las 5 leyes estrella que el veto silencioso de los socios de investidura mantiene atascadas en el Congreso

Hay iniciativas que reúnen mayoría suficiente para salir adelante y, sin embargo, no llegan ni a votarse. No caen en el hemiciclo: se quedan quietas en una sala de reuniones y con una firma. La Mesa del Congreso amplía una y otra vez el plazo para presentar enmiendas —el artículo 91 del Reglamento se lo permite— y la ley se enfría mientras nadie vota en contra. Esta lista reúne las cinco leyes estrella atrapadas en ese veto silencioso, elegidas por su recorrido parlamentario, por las prórrogas acumuladas y por su peso político.

Cada caso se mide con los mismos datos: días en comisión, prórrogas firmadas y último acuerdo de la Mesa, más el mapa de quién bloquea qué, que no obedece a un veto único, sino a una aritmética de sillones (tres del PSOE, dos de Sumar y cuatro del PP). El texto más antiguo es la rebaja del IVA de peluquerías, barberías y estética, que el Senado tomó en consideración el 7 de noviembre de 2023 con el apoyo de todos los grupos salvo el PSOE. La serie se compara con las tres legislaturas previas y con las leyes que esos mismos socios sí dejaron avanzar.

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Las salidas posibles: avocación al Pleno, plazos tasados y los precedentes que desatascaron una ley

El Congreso aprueba la comisión de investigación sin apoyo de PP y Vox
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La avocación al Pleno es la palanca más citada y también la más equívoca. El artículo 75.2 de la Constitución permite al Pleno recabar el debate y votación de cualquier iniciativa delegada a una comisión, y el artículo 149 del Reglamento del Congreso la hace operativa: es la Mesa, oída la Junta de Portavoces, quien somete la propuesta a votación, y el Pleno decide sin debate. Hay precedentes próximos: el Pleno se quedó la votación final de la ley trans en noviembre de 2022 a petición del PP, hizo lo propio con la ley de Movilidad Sostenible en septiembre de 2024 —después de 26 ampliaciones consecutivas del plazo de enmiendas— y en febrero de 2026 con la reforma de las leyes de dependencia y discapacidad. Pero la avocación decide dónde se vota el texto final, no cuándo se cierra el plazo de enmiendas: por sí sola no deshace el nudo, y en ningún caso está en manos de la oposición, sino de la mayoría de la Mesa.

La segunda salida es tasar los plazos por escrito. La reforma del Reglamento que el PP defendió en el Pleno el 24 de junio de 2025 superó la toma en consideración con 289 votos frente a 44 y establece un tope de dos meses y medio para las enmiendas —dos si el texto llega del Senado, uno si nace de un decreto ley convalidado—, obliga a constituir la ponencia y exige tres quintas partes de la Cámara, 210 diputados, para seguir prorrogando. La paradoja es que esa reforma sigue en tramitación y puede morir por el procedimiento que pretende corregir: la reforma del Reglamento en lenguaje inclusivo acumula desde marzo de 2024 las enmiendas presentadas sin ponencia convocada. El empujón ha llegado por vía judicial. La sentencia del Constitucional del 14 de abril de 2026, que dio la razón al PP por 71 prórrogas entre 2020 y 2023, obliga a motivar cada ampliación, y el Senado tiene admitido a trámite desde el 11 de febrero un conflicto de atribuciones contra la Mesa por el artículo 91. En 2017 el PSOE propuso algo parecido y lo frenó el PP con Ciudadanos usando la misma prórroga.

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