Sanders bloquea los fondos de la guerra con Irán y amenaza con el cierre del Gobierno de EEUU

La nueva mayoría demócrata llega en enero con entre 54 y 56 escaños y más de 250 representantes. En el Senado bastan 41 votos para bloquear el presupuesto federal.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El senador Bernie Sanders ha asegurado en el programa All In de MS NOW que todo el grupo demócrata votará contra la financiación de la guerra con Irán y que no descarta provocar el cierre del Gobierno de EEUU si no hay un acuerdo para terminar el conflicto.
  • ¿Quién está detrás? Sanders, independiente por Vermont que se sienta con los demócratas, y la nueva mayoría que toma posesión en enero: entre 54 y 56 escaños en el Senado y más de 250 en la Cámara de Representantes, según los cálculos que el conductor del programa, Chris Hayes, puso sobre la mesa.
  • ¿Qué impacto tiene? Una negociación presupuestaria en Washington que puede acabar en parálisis federal y que toca de lleno a los contratos de defensa, los visados y las empresas españolas con actividad en Estados Unidos.

Sanders da por hecho el voto demócrata contra la guerra de Irán y abre la puerta al cierre del Gobierno de EEUU.

Ocurrió el jueves por la noche, en directo, en el plató de All In, el programa de Chris Hayes en MS NOW (la cadena que hasta hace poco operaba como MSNBC). El senador por Vermont no estaba lanzando eslóganes de campaña. Hablaba de votos, de enmiendas de asignación presupuestaria y de la posibilidad real de tumbar la financiación del Gobierno federal para forzar una salida del conflicto.

La promesa de Sanders y la aritmética que la hace posible

La pregunta de Hayes fue quirúrgica: si la nueva bancada demócrata —entre 54 y 56 senadores y más de 250 representantes, según los cálculos que él mismo puso sobre la mesa— respaldaría bloquear los fondos de la guerra y, llegado el caso, jugar duro con el presupuesto hasta arrancar un acuerdo negociado. ‘Absolutamente’, respondió Sanders. Y añadió que algunos republicanos se sumarán.

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‘Nuestro trabajo es ser audaces’, dijo el senador. ‘Trump querrá vetar cosas. Es su privilegio. Nosotros tenemos que distinguirnos de los republicanos’. En la misma respuesta dejó un reconocimiento incómodo para la Casa Blanca: no es solo JD Vance quien entiende que esta guerra es un desastre, porque ‘muchos republicanos lo entienden’.

La aritmética le da munición. En el Senado no hacen falta 51 votos para bloquear una ley de asignaciones: hacen falta 41 para sostener el filibusterismo (el mecanismo que exige 60 votos para cerrar el debate y que convierte a la minoría en árbitro del presupuesto). Con 55 escaños, el grupo demócrata no necesita ganar: le basta con no ceder.

Un puñado de senadores puede detener la maquinaria federal más grande del planeta. En Washington eso no es una anomalía: es el manual de instrucciones.

El detonante tiene fecha. La nueva mayoría toma posesión en enero y con ella llega un Congreso distinto del que hoy negocia con la Casa Blanca. Hasta entonces, la financiación del Gobierno vive de resoluciones temporales, esos parches de semanas que sustituyen a las doce leyes de asignaciones que rara vez se aprueban a tiempo.

El calendario del dinero: así se llega al cierre administrativo

financiación guerra Irán

Un shutdown —el cierre administrativo— no es una metáfora. Cuando la financiación se agota, las agencias sin partida aprobada activan la Ley Antideficiencia, suspenden servicios no esenciales y mandan a casa a parte de sus empleados. Sin sueldo, pero con la obligación de volver.

Washington no pide permiso.

Lo que se para es lo que el ciudadano ve: parques nacionales cerrados, trámites de visado y pasaporte atascados, inspecciones de alimentos, y de aviación a medio gas. Lo que no se para —y aquí está la clave del pulso— es el ejército, el pago de la deuda ni la maquinaria de una guerra en curso.

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Para España, el primer efecto no es político sino administrativo. Las empresas españolas con contratos con agencias federales —Ferrovial en concesiones, ACS a través de Turner, Iberdrola con Avangrid o Indra en defensa— ven cómo los pagos se retrasan y las adjudicaciones se congelan mientras dure la parálisis. Nadie dijo que fuera gratis.

El segundo efecto es la señal. Un Washington que no se pone de acuerdo sobre su propio presupuesto llega a las citas bilaterales con menos margen: menos aire para compromisos como el gasto en la OTAN, negociaciones comerciales en pausa y una Administración que discute aranceles mientras discute con su propio Congreso. La lectura desde Madrid y desde Bruselas es parecida: menos interlocutor y más incertidumbre.

La Lógica de Washington

Entender la jugada exige mirar menos a Sanders y más a la institución. El Congreso lleva medio siglo intentando recuperar la potestad sobre la guerra y casi siempre lo ha hecho por la vía del dinero: el poder de la bolsa que la Constitución le reserva. En 1973, tras Vietnam, cortó los fondos para los bombardeos en Indochina y aprobó la Ley de Poderes de Guerra. En los ochenta, las enmiendas Boland hicieron lo propio con Nicaragua. En 2007, la mayoría demócrata intentó atar la financiación de Irak a un calendario de retirada; George W. Bush vetó y el pulso acabó en tablas.

La coalición que sostiene esta ofensiva es más amplia de lo que sugiere el tono. Sanders es independiente, pero se sienta con el Partido Demócrata y habla por su ala más movilizada. La nueva mayoría llega con un mandato claro: distinguirse de Donald Trump, no administrar su guerra. Y hay una grieta que el senador señaló sin desarrollar: si de verdad hay republicanos que piensan lo mismo, el veto presidencial deja de ser un escudo y se convierte en un problema de imagen.

Queda la incógnita. El veto se supera con dos tercios de cada cámara, y eso exige republicanos en ejercicio, no republicanos en campaña. Ningún pulso presupuestario por asfixia ha salido gratis: el cierre de 1995 y 1996 reordenó la política americana durante una década; el de 2013 hundió la aprobación del Congreso sin que se moviera un escaño de sitio. El electorado tiene memoria corta para los principios y muy larga para las colas en el aeropuerto.

Ficha del Caso

  • El caso: Bernie Sanders anticipa que todo el grupo demócrata votará contra la financiación de la guerra de Irán y no descarta forzar el cierre del Gobierno de EEUU si no hay un acuerdo negociado que ponga fin al conflicto.
  • Datos clave: la nueva mayoría llega en enero con entre 54 y 56 escaños en el Senado y más de 250 en la Cámara, según los cálculos manejados en el programa. En el Senado bastan 41 votos para bloquear una ley de asignaciones mediante el filibusterismo; el presidente conserva la potestad de veto.
  • Para España: la parálisis federal retrasa pagos y adjudicaciones a contratistas españoles en Estados Unidos y reduce el margen negociador de la relación bilateral en defensa y comercio.
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