La Diócesis de Ourense recupera fieles pero pierde aportación económica y firma su peor dato de bodas en cinco años

Los registros parroquiales de 2025 anotan 125 bodas, veintidós menos que con las restricciones sanitarias en vigor, y las confirmaciones caen un 44,5% respecto a 2021. Por primera vez, la diócesis ingresa más del fondo de la Conferencia Episcopal que de sus fieles.

La Diócesis de Ourense suma 259.000 católicos, pero en 2025 ingresó más por la Conferencia Episcopal que por sus propios fieles.

El obispado presentó esta semana en Celanova su Memoria de Actividades de 2025, el documento con el que la Iglesia ourensana hace balance del último curso. La fotografía tiene dos caras y ninguna es neutra: 259.000 ourensanos se identifican como católicos, por encima de los 258.600 de 2024, aunque por debajo de los 262.035 de 2021 y 2022. La práctica, en cambio, sigue cuesta abajo.

Más fieles en el censo, menos sacramentos en las parroquias

Los registros parroquiales de 2025 anotan 680 bautizos, 732 primeras comuniones, 450 confirmaciones y 125 matrimonios. El dato de bodas es el suelo de la serie reciente: en 2021, con restricciones sanitarias todavía en vigor, se celebraron 147 enlaces. Cuatro años después, con la vida normalizada, hay veintidós menos.

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La comparación con 2022 —el año en que se concentró la participación acumulada durante la pandemia— dibuja la pendiente con más claridad. Entonces la diócesis sumó 854 bautizos, 1.065 comuniones y 214 bodas. Desde ese pico, todos los registros bajan ejercicio tras ejercicio. Las confirmaciones son un 44,5% inferiores a las de 2021 y las primeras comuniones han caído por encima del 30%, lo que sitúa el desgaste donde más duele: en el relevo generacional de las parroquias.

La eucaristía dominical congrega a 55.000 fieles, una cifra que se repite sin moverse desde 2022. El clero, en cambio, ha crecido ligeramente: 232 sacerdotes, tres más que el año anterior, acompañados por 256 religiosos y 58 misioneros. Son números que sostienen una estructura muy extensa —la diócesis ourensana administra una de las redes de parroquias más densas de Galicia— con una plantilla que no crece al mismo ritmo que el territorio que debe cubrir.

El descenso de los sacramentos en Ourense no es un bache estadístico: es la fotografía de una sociedad que cambia más rápido que sus instituciones.

La primera vez que la Conferencia Episcopal aporta más que los fieles

aportación económica Iglesia

El capítulo económico deja un hito incómodo. La aportación directa de los ourensanos se quedó en 5,78 millones de euros, por debajo de la barrera de los seis millones por primera vez. El mecanismo de solidaridad de la Conferencia Episcopal Española —la Asignación Tributaria, que canaliza la casilla del IRPF hacia las diócesis con menos recursos— aportó 5,93 millones. Las cuentas se completaron con 1,13 millones procedentes del patrimonio y de otras actividades.

La lectura no es tanto de crisis como de cambio de modelo: la diócesis ya no se sostiene con lo que le dan sus fieles, sino con lo que le llega de fuera. En una provincia que envejece y pierde población —el IGE (o Instituto Galego de Estatística, la fuente estadística oficial de la comunidad) lleva años documentando ese declive—, esa dependencia del fondo común tiene recorrido.

La catedral mantiene el tirón turístico. Los 43.325 visitantes de 2025 son el segundo mejor registro del último lustro, aunque 3.000 menos que en 2024, lo que rompe la tendencia creciente posterior a la pandemia. El perfil cambia: el turista nacional baja del 92% al 81,5% entre 2022 y 2025, mientras gana peso el llegado de Portugal y Estados Unidos, hasta un 4,2%.

El Laboratorio Gallego

Lo que ocurre en Ourense no se entiende sin el mapa político gallego. La Xunta de Galicia (el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela) gobierna con mayoría absoluta del PPdeG, el Partido Popular de Galicia, que encadena mayorías consecutivas desde 2009.

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Enfrente, el BNG (o Bloque Nacionalista Galego) es la primera fuerza de la oposición y el PSdeG (el Partido Socialista de Galicia) la tercera.

En el Parlamento de Galicia, la cámara legislativa unicameral de 75 diputados, el debate sobre la financiación de la Iglesia no ha figurado entre los asuntos que hayan centrado la confrontación política de los últimos cursos. Los datos de la diócesis, sin embargo, colocan la pregunta encima de la mesa sin que nadie tenga que formularla.

La dimensión nacional es evidente. La Asignación Tributaria que sostiene las cuentas ourensanas se decide en Madrid, en la casilla del IRPF y en el reparto del fondo común entre diócesis, y el caso de Ourense es la avanzadilla de lo que otras diócesis del interior español verán antes de una década. Galicia, con una de las provincias más envejecidas de España y un rural muy disperso, vuelve a funcionar como laboratorio: lo que en Ourense ocurre en 2025, en otras diócesis ocurrirá diez años después.

La proyección es medible. La Memoria de Actividades de 2026 dirá si el suelo de las bodas se estabiliza, si la aportación directa recupera los seis millones y si el turismo religioso mantiene el tipo tras el descenso del último año. Mientras tanto, el pulso parlamentario entre PPdeG, BNG y PSdeG seguirá ajeno a unas cifras que explican mejor que muchos informes el país que viene.

Ficha del Caso

  • El caso: La Diócesis de Ourense presentó en Celanova su Memoria de Actividades de 2025, con más católicos declarados, menos sacramentos y, por primera vez, más ingresos de la Conferencia Episcopal que de los fieles.
  • Datos importantes: 259.000 católicos; 680 bautizos, 450 confirmaciones y 125 matrimonios frente a los 147 de 2021; 55.000 asistentes a la eucaristía dominical; 5,78 millones de aportación directa frente a 5,93 de Asignación Tributaria; 43.325 visitantes en la catedral.
  • Resumen: El caso ourensano anticipa el modelo de financiación del resto de diócesis españolas y confirma la secularización sostenida de la Galicia interior.
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