EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Irán ha destruido o dañado gravemente hasta 30 drones MQ-9 Reaper estadounidenses desde el inicio de la guerra, el 20% de la flota previa al conflicto.
- ¿Quién está detrás? Los derribos se atribuyen a las defensas aéreas iraníes y a ataques con misiles contra bases terrestres.
- ¿Qué impacto tiene? La Fuerza Aérea de EE.UU. cuenta ahora con 135 Reaper, muy por debajo del mínimo de 189 exigido por el Pentágono. El coste de reemplazo roza los 1.000 millones de dólares y la operación contra Irán ya acumula un gasto de 29.000 millones.
Irán ha eliminado prácticamente uno de cada cinco drones MQ-9 Reaper de la Fuerza Aérea de Estados Unidos desde que comenzó la guerra a finales de febrero, según una información de Bloomberg que cita fuentes anónimas conocedoras del estado de la flota. El dato, adelantado este jueves, supone una pérdida de cerca de 1.000 millones de dólares en equipos y un golpe directo a la doctrina de vigilancia y ataque de Washington.
Treinta drones perdidos: el precio de la guerra aérea sobre Irán
Bloomberg detalla que ‘más de dos docenas’ de MQ-9 Reaper han sido destruidos desde que estalló el conflicto. El Pentágono no ha desmentido la cifra. De hecho, el teniente general David Tabor, jefe adjunto de planes y programas, reconoció que la flota ha caído a 135 aeronaves, muy por debajo del mínimo de 189 que la Fuerza Aérea consideraba imprescindible. Cada Reaper cuesta más de 30 millones de dólares, según fuentes oficiales, y su producción por parte de General Atomics se detuvo el año pasado, aunque se siguen fabricando variantes para clientes extranjeros. La pérdida estimada de una treintena de unidades ronda los 900 millones de dólares.
El MQ-9 Reaper, que puede realizar misiones de reconocimiento y ataque, era una pieza clave en la campaña. Su vulnerabilidad frente a sistemas antiaéreos modernos, ya conocida desde conflictos previos, ha quedado expuesta de manera brutal. El hecho de que la producción esté parada añade presión logística: reemplazar las bajas no será rápido ni barato.
La defensa iraní: derribos y ataques a bases terrestres
Según el informe, muchos de los drones fueron derribados por las defensas aéreas iraníes, mientras que otros resultaron dañados en ataques con misiles contra bases terrestres y en accidentes. Fuentes consultadas por Bloomberg indican que el elevado ritmo de operaciones y la falta de refugios blindados en ciertos emplazamientos facilitaron las pérdidas. Irán, por su parte, no ha difundido un balance sistemático, aunque distintos comunicados militares han venido reivindicando derribos de Reaper desde las primeras semanas de la guerra.

Un informe del Servicio de Investigación del Congreso estadounidense, citado por Bloomberg, eleva la cuenta a 24 MQ-9 Reaper perdidos y añade un MQ-4C Triton. Ese documento contabiliza un total de 42 aeronaves estadounidenses fuera de combate, entre ellas cuatro F-15E, un F-35A y un A-10 Thunderbolt II. La cifra de pérdidas humanas y materiales entre los aliados, en cambio, sigue sin conocerse con precisión.
La pérdida de 30 Reaper en menos de tres meses pone en jaque la doctrina de superioridad aérea de Washington en un conflicto contra un Estado con capacidades antiaéreas sólidas.
El coste total de la operación militar contra Irán, según el secretario interino del Pentágono, Jules Hurst, se ha disparado hasta los 29.000 millones de dólares, frente a los 25.000 millones previstos inicialmente, debido a la actualización de los gastos de reparación y reemplazo de equipos. La cifra subraya el deterioro acelerado de los activos de la coalición y la dificultad de mantener un ritmo de combate sostenido.
Equilibrio de Poder
El hundimiento de la flota de Reaper tiene implicaciones que van más allá del teatro iraní. Washington enfrenta un dilema estratégico: la guerra en Oriente Próximo está consumiendo recursos aéreos diseñados para un hipotético conflicto con China en el Indo-Pacífico. El MQ-9 es un sistema de largo alcance y gran autonomía, pensado para misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), pero que también puede lanzar misiles Hellfire. Su pérdida a manos de unas defensas aéreas integradas —similares en concepto a las que poseen Pekín y Moscú— obliga a repensar la doctrina de empleo de drones en escenarios de alta intensidad.
Para la UE y en concreto para España, la lección es clara. El Ejército del Aire español opera algunos MQ-9 Predator B, una versión anterior del Reaper, y participa en programas como el EuroMALE (ahora denominado Eurodrone). La vulnerabilidad observada en Irán recalca la necesidad de acelerar el desarrollo de sistemas con mayor supervivencia —sigilos, enjambres autónomos y capacidad de operar en entornos denegados—, tal y como se plantea en el futuro sistema aéreo de combate (FCAS). Los Reaper derribados también elevan la factura para los contribuyentes: 900 millones de dólares en pérdidas que, en buena medida, se traducirán en nuevos pedidos urgentes a General Atomics o a la industria europea.
Lo que observamos es un cambio en la correlación de fuerzas. Irán, con sistemas de origen ruso y producción propia, ha demostrado que puede imponer un coste inasumible a la aeronáutica avanzada estadounidense. Y aunque la superioridad tecnológica siga del lado de Washington, la aritmética de desgaste favorece al que defiende su territorio. El precedente no es nuevo: en 2019, Irán ya derribó un dron Global Hawk de la Armada estadounidense. Ahora, sencillamente, lo ha multiplicado. El próximo informe del IISS o del Congressional Research Service nos dará la medida exacta del daño. La pregunta que flota en el aire es cuánto más puede absorber la cadena logística estadounidense antes de que la campaña pierda sentido económico y político.

