Reino Unido se queda sin tiempo para aumentar el gasto en defensa, advierte su jefe militar

El Plan de Inversión en Defensa acumula meses de retraso por disputas internas en el gobierno laborista. Mientras, Rusia intensifica sus incursiones aéreas y la presión de Donald Trump para que los aliados europeos gasten más crece de cara a la cumbre de la OTAN del 7 de julio.

El insuficiente gasto en defensa del Reino Unido está a punto de convertirse en un problema de seguridad nacional. El jefe del Estado Mayor británico, Richard Knighton, ha lanzado este viernes una advertencia sin precedentes: ‘Rusia está subiendo la apuesta y corre el riesgo de cruzar una línea. Necesitamos gastar más en defensa y hacerlo más rápido’. La declaración, recogida por Defense News, se produce después de meses de paralización del Plan de Inversión en Defensa, la hoja de ruta que debe colocar a las fuerzas armadas en estado de ‘preparación para el combate.

Un plan de inversión atascado por la disputa presupuestaria

El documento, que debería haber estado listo el año pasado, sigue bloqueado por las tensiones internas dentro del gobierno laborista. El ministro de Defensa, John Healey, aseguró el lunes que el primer ministro Keir Starmer está «determinado a publicarlo antes de la cumbre de la OTAN del 7 de julio». Quedan apenas cinco semanas y no hay señales de un acuerdo.

Los medios británicos señalan que los jefes militares han advertido a Starmer de un agujero de 28.000 millones de libras (unos 38.000 millones de dólares) en la financiación de los próximos cuatro años. Esa cifra explica el bloqueo. El Tesoro se resiste a liberar fondos adicionales en un contexto de ajuste, mientras el Pentágono y la OTAN aumentan la presión sobre Londres.

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Knighton fue más lejos en sus declaraciones a la BBC: «Los riesgos y las amenazas para el Reino Unido son mayores que en cualquier otro momento desde la Guerra Fría». Y añadió que Rusia está intensificando sus acciones con incursiones aéreas, ciberataques, sabotajes y «tanteos constantes» de las defensas británicas.

La presión de Trump y el plazo de la cumbre de La Haya

OTAN

Donald Trump asistirá a la cumbre de La Haya. El presidente estadounidense ha convertido el gasto militar en su caballo de batalla transatlántico y no perderá la ocasión de señalar a quienes incumplen. Starmer, que prometió el mayor incremento sostenido en defensa desde la Guerra Fría —llevar la inversión al 3 % del PIB en la próxima legislatura—, se enfrenta a un dilema: cumplir con Washington y Bruselas o lidiar con la fractura interna de su mayoría.

George Robertson, exsecretario de Defensa británico y exsecretario general de la OTAN, ya advirtió en abril de que existe «una brecha entre la retórica de Starmer y la acción». Según Robertson, el primer ministro «no está dispuesto a hacer la inversión necesaria». La crítica pesa en el Partido Laborista, que teme que el incumplimiento erosione la credibilidad del Reino Unido en la Alianza.

El plan que debería situar al Reino Unido en estado de preparación para el combate lleva meses varado por una guerra presupuestaria que el Gobierno laborista no logra resolver.

Equilibrio de Poder

Desde Moncloa.com analizamos esta parálisis como un síntoma de la fatiga fiscal que la OTAN llevaba años anticipando. La administración Trump exige a los europeos que asuman su propia defensa, y el retraso británico alimenta la narrativa de que los aliados no están a la altura. Para Moscú, cada mes de dudas en Londres es una ventana de oportunidad. Las incursiones aéreas sobre el espacio británico y los ciberataques atribuidos al GRU no son gestos aislados; forman parte de una estrategia de desgaste que explota las debilidades presupuestarias del adversario.

Para España este episodio tiene lecturas directas. El gobierno de Pedro Sánchez se enfrenta al mismo dilema: elevar el presupuesto de defensa por encima del 1,3 % del PIB sin dinamitar el acuerdo de coalición. La presión de Washington llegará con la misma intensidad, y la frontera sur —Marruecos, el Sáhara, el Sahel— demanda capacidades que hoy no están financiadas. Las bases de Rota y Morón, enclaves críticos para el flanco meridional, podrían ver reducido su valor estratégico si la Alianza no refuerza su cohesión y los socios más poderosos empiezan a flaquear.

En una proyección a cinco o diez años, el incumplimiento británico debilita la defensa colectiva en el flanco oriental y da argumentos a quienes en Washington abogan por un repliegue selectivo. Si Londres no alcanza el 3 % del PIB, la capacidad de disuasión convencional frente a Rusia quedará mermada en el Báltico y el Mar del Norte. Para la Unión Europea, el mensaje es claro: la autonomía estratégica no se construye con promesas pospuestas. España, por su posición geográfica y sus intereses en el Magreb, deberá asumir un esfuerzo adicional si quiere mantener influencia en el rediseño de la arquitectura de seguridad europea. La cumbre de La Haya del 7 de julio será un termómetro: o se traduce en compromisos firmes con plazos concretos o la OTAN corre el riesgo de exhibir públicamente sus costuras.

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