Ucrania lanza ataque con drones contra dos graneleros en el Mar de Azov: cinco marinos azerbaiyanos muertos

El Ministerio de Exteriores de Azerbaiyán confirma cinco fallecidos y tres heridos entre la tripulación. Rusia acusa a Kiev de terrorismo y un comandante ucraniano reivindica el ataque a cinco buques, alegando que transportaban material militar.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Dos graneleros con bandera de conveniencia fueron alcanzados por drones ucranianos en el Mar de Azov mientras navegaban hacia Rostov del Don. Cinco marineros azerbaiyanos murieron y tres resultaron heridos.
  • ¿Quién está detrás? Ucrania, según confirmó su comandante de drones Robert Brovdi, que acusó a los buques de transportar material militar y combustible.
  • ¿Qué impacto tiene? El ataque amplía la zona de operaciones navales de Kiev y tensa las relaciones con Azerbaiyán. Rusia denuncia terrorismo y la OTAN observa una escalada en el mar interior más próximo al flanco sur europeo.

Drones ucranianos atacaron en la madrugada del viernes a los graneleros Natra y Zirkon en el Mar de Azov, justo cuando las dos naves se dirigían desde Turquía al puerto ruso de Rostov del Don. El Ministerio de Exteriores de Azerbaiyán confirmó que cinco de sus nacionales —todos miembros de la tripulación— fallecieron y otros tres resultaron heridos.

El Natra, con bandera de Belice, y el Zirkon, con bandera de Palaos, fueron alcanzados por varios drones suicidas. Un vídeo difundido en redes sociales muestra la cubierta de uno de los buques sembrada de escombros y el puente de mando prácticamente destruido por el impacto. Las víctimas y los heridos fueron auxiliados por un buque ruso que navegaba en las proximidades y por una patrulla de guardacostas del FSB, según el comunicado de la Cancillería rusa.

Ataque con drones en el Mar de Azov: qué se sabe hasta ahora

El mando ucraniano de drones, a través de su comandante Robert Brovdi, reivindicó la operación en Telegram. Aseguró que durante la noche y la madrugada sus unidades atacaron un total de cinco buques en el mar interior, y acusó a los navíos de transportar material militar, combustible y de estar preparándose para “robar” grano ucraniano. La versión, sin embargo, no ha sido verificada de forma independiente y Moscú insiste en que se trataba de mercantes civiles que cumplían con el tránsito comercial habitual.

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El Mar de Azov, de apenas 40.000 kilómetros cuadrados, se ha convertido en un nuevo foco de la guerra marítima desde que Ucrania empezó a emplear drones navales y aéreos contra la logística rusa. En abril, un carguero se hundió en la misma zona tras un ataque similar, con un muerto. Desde marzo, la frecuencia de estos golpes ha aumentado: Kiev lanza cientos de drones de largo alcance casi a diario contra infraestructura en territorio ruso o en áreas ocupadas, según fuentes de inteligencia occidental.

La Cancillería rusa calificó el ataque de “prueba, una vez más, del carácter terrorista del régimen de Kiev, que ataca de forma indiscriminada a civiles e infraestructura civil”. En Moscú se subraya que los tripulantes no eran ucranianos sino azerbaiyanos, lo que añade una dimensión diplomática incómoda para Bakú, que mantiene un delicado equilibrio entre sus relaciones con Rusia y sus vínculos con Occidente.

Este ataque traslada la guerra de drones a un mar interior que Rusia consideraba santuario logístico y expone a tripulaciones de terceros países a un riesgo extremo.

Reacciones: Moscú habla de terrorismo, Kiev justifica y Bakú guarda silencio

Azerbaiyán confirmó las bajas con un comunicado escueto en el que no se apuntaba a ningún responsable, pero fuentes diplomáticas en Bakú consultadas por Moncloa.com admiten un fuerte malestar en el Gobierno de Ilham Aliyev. La semana pasada, el propio presidente azerbaiyano había transmitido en una llamada con Putin su “preocupación por la estabilidad del tránsito en el corredor del Caspio y el Azov”, según la agencia TASS.

Ucrania, por su parte, no ha expresado condolencias. Brovdi, uno de los mandos más activos en la campaña de ataques en profundidad, defendió la legitimidad de los objetivos en su canal de Telegram y adelantó que “cualquier buque que aprovisione a las fuerzas rusas en el sur será considerado un blanco militar”. La OTAN, mientras tanto, sigue de cerca estos incidentes desde el Mando Marítimo de Northwood, pero hasta ahora no ha emitido una declaración específica sobre el ataque al Natra y al Zirkon.

Para el Kremlin, el incidente sirve de munición narrativa: demuestra que Ucrania ataca a civiles y que Rusia protege a sus vecinos. Para Kiev, cada barco hundido o averiado en el Azov es un golpe a la cadena logística que sostiene la ocupación del sur.

Equilibrio de Poder

El ataque a los dos graneleros trasciende la mera estadística de bajas. Introduce de lleno a Azerbaiyán —un actor clave en la ecuación energética del Caspio— en el tablero de víctimas colaterales de la guerra. Bakú se ve ahora obligado a reclamar explicaciones a Kiev sin romper el equilibrio que le ha permitido sortear las sanciones occidentales y, al mismo tiempo, vender gas a Europa. En esta redacción observamos un dilema incómodo para la diplomacia azerbaiyana, que hasta ayer podía mantenerse equidistante.

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Desde la óptica español, el efecto más tangible es doble. Por un lado, cualquier perturbación en los flujos de grano del Mar Negro y del Azov dispara las primas de riesgo de las navieras, encarece los fletes y, a la postre, llega a los lineales de los supermercados españoles. España importa una parte sustancial de sus cereales de la cuenca del Mar Negro, y aunque el trigo ucraniano viaja sobre todo por la ruta de Odesa, la inestabilidad añadida en el Azov presiona al alza los precios. Esto se produce en un contexto en el que el Gobierno de Pedro Sánchez ya pelea con los márgenes de la inflación alimentaria.

El segundo efecto es más estratégico: el Mediterráneo occidental y el flanco sur de la OTAN se convierten en zona de tránsito de buques que rehúyen las aguas calientes del este. La Armada española, con su presencia en la Operación Atalanta y en el Mediterráneo central, podría ver incrementada su carga de vigilancia indirecta, aunque fuentes de Defensa subrayan que por ahora no hay cambios en los planes. La base naval de Rota no está implicada directamente, pero la tensión marítima adicional siempre acaba demandando recursos de la Alianza que se despliegan desde territorio español.

En el eje Washington-Moscú-Bruselas, el ataque refuerza la narrativa rusa de una OTAN que tolera el “terrorismo ucraniano”. La Casa Blanca no ha comentado el incidente, pero la directriz de la administración Trump sigue siendo dar a Ucrania margen operativo para golpear la retaguardia rusa sin autorizar ataques en territorio de la Federación con armas estadounidenses. El Mar de Azov es un área gris: internacionalmente reconocido como parte de Ucrania, pero bajo dominio ruso de facto. Bruselas, que ha respaldado el derecho de Kiev a defenderse, prefiere mantener un perfil bajo en incidentes que involucren a terceros países; no obstante, Croacia y Hungría podrían aprovechar para endurecer su oposición a nuevas partidas de ayuda militar.

El riesgo inmediato es doble. Primero, una escalada de los ataques ucranianos contra navíos mercantes —más allá de los que Moscú considere estrictamente militares— podría empujar a Rusia a imponer una zona de exclusión naval oficiosa en el Azov, elevando la tensión con Turquía, garante de la Convención de Montreux. Segundo, la muerte de ciudadanos azerbaiyanos abre la posibilidad de que el conflicto contamine regiones que hasta ahora se mantenían al margen, como el Cáucaso sur. Moncloa no ha emitido declaración, pero el Ministerio de Asuntos Exteriores sigue la evolución con la vista puesta en que la escalada no afecte a las rutas comerciales españolas ni a los delicados equilibrios con Argelia y Marruecos, ambos con intereses energéticos vinculados al Caspio. La próxima reunión del Consejo OTAN-Rusia, prevista para el 18 de junio, podría convertirse en el escenario donde se midan las consecuencias reales de este ataque.