EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Estados Unidos ha bombardeado radares costeros en Qeshm y Goruk tras interceptar drones iraníes. Irán ha respondido horas después con misiles balísticos contra bases de EE.UU. en Kuwait y Bahréin.
- ¿Quién está detrás? El CENTCOM ejecutó el ataque estadounidense. La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) lanzó la represalia con misiles.
- ¿Qué impacto tiene? Escalada en el Estrecho de Ormuz, ruta del 20% del crudo mundial, y tensión sobre el frágil alto el fuego alcanzado en abril.
Estados Unidos ha lanzado esta madrugada un ataque contra radares costeros iraníes en la isla de Qeshm y en la localidad de Goruk, en un nuevo cruce de fuego en el Estrecho de Ormuz. La acción, ordenada por el Comando Central de EE.UU. (CENTCOM), se produjo tras interceptar cuatro drones de ataque unidireccional que, según Washington, suponían ‘una amenaza inmediata para el tráfico marítimo regional’.
Intercepción de drones y ataque a radares costeros
Según el comunicado difundido por CENTCOM, unidades estadounidenses detectaron y neutralizaron los drones antes de que pudieran alcanzar objetivos navales o comerciales. CENTCOM precisó que los artefactos, de tipo Shahed o similar, fueron derribados por medios no especificados. Inmediatamente después, cazas de la coalición lanzaron municiones de precisión contra los emplazamientos de radar de vigilancia costera en Goruk y en la isla de Qeshm, destruyendo al menos dos instalaciones, según imágenes de satélite analizadas por fuentes OSINT.
La isla de Qeshm, separada de la costa iraní por el estrecho de Khuran, es un punto estratégico para el control del Estrecho de Ormuz: desde allí, los radares iraníes pueden vigilar el tráfico de superpetroleros y los movimientos de la Quinta Flota con base en Bahréin. El ataque a estos radares busca cegar a Teherán en un momento en que el suministro mundial de crudo está en jaque. El CENTCOM insistió en que sus fuerzas ‘permanecen preparadas para responder a cualquier agresión injustificada en legítima defensa’.
El incidente se produce apenas unos días después de otro intercambio similar, en el que EE.UU. atacó una estación de control en tierra iraní también en Qeshm. En aquella ocasión, la Guardia Revolucionaria respondió con misiles balísticos y drones contra instalaciones de EE.UU. en Kuwait y Bahréin. Un dron impactó en la terminal del aeropuerto internacional de Kuwait, causando la muerte de una persona.
La repetición del patrón —ataque preventivo sobre Qeshm y represalia inmediata— confirma la fragilidad del alto el fuego de abril, cuando las hostilidades abiertas tras los ataques de la coalición EE.UU.-Israel contra Irán obligaron a una tregua bajo presión diplomática de China y Rusia. Los negociadores estadounidenses e iraníes llevan semanas discutiendo un memorando de entendimiento para estabilizar la situación, pero los intercambios de fuego amenazan con hacer descarrilar las conversaciones.
El Estrecho de Ormuz se ha convertido en un tablero de represalias calculadas donde cada parte mide la escalada al milímetro.
Misiles balísticos contra Kuwait y Bahréin

Horas después del bombardeo estadounidense, la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) anunció que había lanzado misiles balísticos contra ‘dos bases aéreas de EE.UU. en Kuwait y contra las instalaciones de la Quinta Flota en Bahréin’. Según el IRGC, los ataques fueron simultáneos y emplearon misiles de corto y medio alcance, así como drones kamikaze, aunque no se han difundido detalles precisos sobre los tipos de misiles utilizados.
Tanto Kuwait como Bahréin activaron sus sistemas antiaéreos, y Estados Unidos aseguró que todos los proyectiles fueron interceptados o cayeron fuera de sus objetivos. No se han reportado víctimas ni daños materiales hasta el momento, aunque la evaluación de daños continúa. La administración Trump, por su parte, ha mantenido un perfil contenido, con el presidente asegurando que el alto el fuego sigue vigente pese a los intercambios de fuego.
Equilibrio de Poder
Este enésimo cruce de ataques en el Estrecho de Ormuz pone bajo presión una ruta por la que transita el 20% del petróleo mundial. El bloqueo efectivo del tráfico marítimo, con Washington amenazando a buques vinculados a Irán y Teherán atacando a barcos relacionados con países aliados de EE.UU., ha disparado la volatilidad en los mercados energéticos. El barril de Brent ha superado los 105 dólares, y la OPEP no logra compensar la interrupción.
Para España, el impacto es directo: el 11% del crudo importado llega desde Oriente Medio, y el encarecimiento del flete y las primas de riesgo están lastrando la inflación, que repuntó en mayo hasta el 4,2%. Moncloa sigue con preocupación la escalada, aunque las comunicaciones oficiales se limitan a llamamientos a la contención a través del SEAE.
El antecedente de abril es instructivo: entonces, más de un mes de hostilidades abiertas obligó a una mediación de Omán y Catar que desembocó en un alto el fuego frágil, cuyos términos nunca se hicieron públicos. Ahora, con las dos partes redoblando sus ataques puntuales, la pregunta es cuánto margen queda antes de que el error de cálculo desborde el conflicto. El propio Trump ha reconocido que en ‘esa parte del mundo, el alto el fuego significa disparar de forma más moderada’, una confesión de que la línea entre la tregua y la guerra es cada vez más difusa.
La próxima ronda de conversaciones sobre el memorando de entendimiento para prorrogar la tregua y retomar el diálogo nuclear está en el aire. Mientras tanto, la Quinta Flota ha reforzado sus patrullas con destructores AEGIS, y el IRGC mantiene activos sus sistemas de misiles costeros. En esta redacción, observamos un patrón de escalada controlada que, sin embargo, se acerca peligrosamente al punto de no retorno.

