Elegir el vino para una cena normal ya supone un quebradero de cabeza. Si el comensal se llama León XIV y la velada tiene lugar en el palacio arzobispal de Madrid, la presión se dispara. Sin embargo, en la reciente visita del papa a España, la Real Academia de Gastronomía no optó por los nombres que todos esperábamos. Se olvidó de Rioja, pasó de largo de Ribera del Duero y puso la mirada en el noroeste peninsular, en una provincia que atesora algunas de las joyas líquidas más infravaloradas del país: León.
La cena, servida por el centenario restaurante Lhardy el pasado fin de semana, incluyó un menú que combinaba mar y tradición: desde croquetas de cocido y jamón ibérico hasta un delicado mero al horno, rematado con el clásico soufflé de la casa. Pero la auténtica revelación, la que los asistentes recordarán, no se escondía en los platos sino en las copas. Tres vinos leoneses, uno tras otro, desfilaron por la mesa principal dejando claro que hay vida más allá de las denominaciones de siempre.
La jugada no fue casual. León es tierra de paso del Camino de Santiago, y la velada quiso impregnarse de ese espíritu jacobeo. Cada etiqueta elegida escondía una conexión con el peregrinaje: la bodega Margón, a solo 25 kilómetros del Camino Francés; el término «Ultreia», el saludo latino que anima a los caminantes; y la mano de Raúl Pérez, el enólogo berciano que ha convertido El Bierzo en un referente internacional. Vamos a diseccionar este trío de vinos que se colaron en la mesa papal y que tú también puedes llevar a la tuya.
El primero en servirse fue el rosado Trapera, de Bodegas Margón, un coupage de prieto picudo y albarín cultivado en Pajares de Los Oteros. La prieto picudo aporta estructura y un punto silvestre; el albarín, la finura y las notas florales. Es un rosado con cuerpo, de esos que aguantan hasta los platos de cuchara, pero que en la cena arzobispal abrió boca con una frescura cítrica que recordaba a pomelo rosa. Raúl Pérez asesora la bodega, y se nota en la precisión del ensamblaje.
El segundo acto líquido lo protagonizó el tinto Ultreia Villegas, uno de los vinos insignia de Raúl Pérez en El Bierzo. El nombre no es casual: «Ultreia» es el grito de aliento que los peregrinos se lanzan en el Camino, un «¡vamos allá!» que resume la filosofía del enólogo. Elaborado con mencía de viñedos viejos, este tinto despliega fruta roja crujiente, un toque especiado y una mineralidad que habla del suelo de pizarra. No es un vino barato —ronda los 30-35 euros—, pero para una ocasión especial, es un acierto seguro. Si buscas una alternativa más accesible, Pérez tiene el Ultreia Saint Jacques, un mencía joven con 92 puntos Parker y a un precio mucho más amable.
El broche blanco lo puso una cuvée seleccionada de godello, también de Raúl Pérez, elaborada expresamente para Lhardy. La uva godello, recuperada en los años 80 del borde de la extinción, encuentra en las laderas bercianas su máximo esplendor. Este vino, con una crianza breve sobre lías, se mostró untuoso, con aromas a pera, manzanilla y un fondo de hierbas de monte. Su acidez salina lo convierte en un comodín perfecto para pescados y mariscos, y por eso encajó de maravilla con el mero al horno del menú.
El Camino de Santiago no solo se recorre con los pies; también se paladea en la copa.
El secreto del éxito
- Tres denominaciones, un solo territorio: Los tres vinos proceden de la provincia de León, cada uno anclado en comarcas con personalidad vitivinícola propia: Tierra de León para el rosado Trapera, y Bierzo para los dos de Raúl Pérez. Esta variedad de suelos y microclimas da vinos muy distintos dentro de un radio de apenas 100 kilómetros.
- Raúl Pérez, el hilo conductor: Ya sea como asesor o como elaborador, la firma del enólogo berciano está detrás de cada botella. Pérez ha sido clave en la puesta en valor de variedades autóctonas como la mencía y el godello, trabajando con viñedos centenarios y mínima intervención. Su prestigio internacional —con puntuaciones altas de Parker— convenció a la Real Academia de Gastronomía de que eran una apuesta segura.
- La conexión jacobea, un guiño sutil: Servir vinos del Camino de Santiago a un papa peregrino no era solo marketing: era coherencia. La bodega Margón se halla a un paso de la ruta; el término «Ultreia» es un homenaje explícito; y el godello es la uva que ha acompañado a los viajeros durante siglos en los mesones bercianos. Un mensaje en cada sorbo.
Ingredientes
No son ingredientes al uso, pero son los protagonistas indiscutibles del maridaje papal. Aquí tienes la ficha de cata resumida de cada uno:
- Rosado Trapera 2025 (Bodegas Margón, DO León): Coupage de prieto picudo y albarín. Color salmón pálido. Nariz de fresa ácida, pomelo y monte bajo. Boca fresca, con buena acidez y un final ligeramente amargo que pide comida.
- Tinto Ultreia Villegas 2024 (Raúl Pérez, Bierzo): 100% mencía de viñedos en vaso sobre pizarra. Cereza picota, especias dulces, pimienta blanca y un fondo mineral. Tanino pulido, largo y elegante. Precio en tienda: 30-35 €.
- Blanco Lhardy Godello 2025 (Raúl Pérez para Lhardy, Bierzo): Edición especial, monovarietal de godello. Amarillo pajizo con reflejos verdosos. Pera, manzanilla, hierbas de tocador y un toque salino. Boca glicérica pero con nervio. Producción limitadísima.
La degustación, sorbo a sorbo
Reproducir en casa la experiencia de la cena arzobispal es más fácil de lo que parece. Basta con respetar el orden y las temperaturas de servicio.
Empieza por el rosado Trapera a 8-10 ºC, ideal como aperitivo con jamón ibérico o boquerones en vinagre. Su acidez desengrasa y prepara el paladar.
Continúa con el godello a 10-12 ºC. Si no encuentras la cuvée de Lhardy, un godello del Bierzo de Raúl Pérez o de Mengoba funciona perfectamente. Acompáñalo con pescado blanco al horno o pulpo á feira, como en la cena original.
Termina con el tinto Ultreia Villegas a 16 ºC, tras abrirlo 30 minutos antes. Marida de maravilla con un bacalao confitado, carrilleras estofadas o un chuletón de buey. La mencía tiene la estructura justa para no machacar el plato.
Variaciones y maridaje
Si te has quedado con ganas de explorar la viticultura leonesa, aquí tienes opciones para cualquier presupuesto. El Godello La Revelía de José Antonio García ronda los 12 euros y es pura fruta blanca. Para tintos cotidianos, el Ultreia Saint Jacques —unos 10 euros— es un hermano menor del Villegas con una relación calidad‑precio imbatible. Y en rosados, el Prieto Picudo rosado de Gordonzello sorprende por su tono frambuesa y su frescura silvestre.
En cuanto al maridaje, los vinos de León son todoterreno: blancos y rosados para pescados, mariscos y arroces caldosos; tintos de mencía para embutidos, legumbres y carnes rojas. Las tiendas especializadas online suelen tener referencias de Raúl Pérez y de la DO León. El godello de Lhardy es más esquivo por su edición limitada, pero puedes sustituirlo sin problemas por el Godello genérico de Pérez o por el de su proyecto La Vizcaína.
