El agujero legal que permite al capital chino financiar empresas de defensa de EE.UU. desde el capital riesgo

Un denunciante revela cómo el capital riesgo estadounidense oculta inversores chinos en contratistas del Pentágono. El Congreso conoce el problema desde al menos 2024 y no ha movido ficha.

El capital chino está financiando empresas de defensa estadounidenses desde el capital riesgo. No mediante una operación clandestina, sino a través de un vacío legal que lleva años sin corregirse. La semana pasada, el Pentágono actualizó su lista de empresas militares chinas —y más de un fondo de Silicon Valley tiene a esos mismos nombres como socios comanditarios sin que nadie los haya declarado.

Un entramado diseñado para la opacidad

El mecanismo es sorprendentemente simple. Cuando un venture capital americano levanta dinero, lo hace atrayendo a limited partners (inversores pasivos) que depositan capital a cambio de un retorno futuro. En Estados Unidos, revelar la identidad de esos inversores es voluntario. Para proteger a fondos de pensiones extranjeros de trámites fiscales, se crearon las blocker LLCs y los Alternative Investment Vehicles. Hoy esas mismas figuras se utilizan para ocultar al Partido Comunista chino y a sus entidades vinculadas.

El resultado es que una simple limited liability company de Delaware puede figurar en la tabla de capitalización de un contratista del Pentágono mientras depende del dinero que llega desde Pekín. Y todo sin violar una sola ley. El dinero entra, los contratos se firman y Washington mira para otro lado.

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En febrero de 2024, el Comité Selecto de la Cámara sobre el Partido Comunista Chino publicó un informe demoledor: cinco firmas de capital riesgo estadounidenses habían canalizado más de 3.000 millones de dólares hacia empresas chinas ligadas al Ejército Popular de Liberación, a la vigilancia en Xinjiang y a las prioridades tecnológicas de Pekín. Entre ellas figuraban nombres tan conocidos como GGV Capital, GSR Ventures o Sequoia Capital China —que poco después se escindió y rebautizó como HongShan sin que eso alterase el flujo de capital. Solo lo hizo más difícil de rastrear.

Lo que China ya ha comprado: el precedente de Cirrus Aircraft

El caso de Cirrus Aircraft muestra lo que ocurre cuando el capital chino se instala el tiempo suficiente. Desde 2011, el mayor fabricante de aviones de pistón de Estados Unidos pertenece en su totalidad a una filial de AVIC, la Corporación de la Industria de la Aviación de China. AVIC es una criatura del Estado chino y una pieza clave de la estrategia de Fusión Civil-Militar de Xi Jinping. La misma empresa que construye cazas, helicópteros de ataque y drones para el ejército chino es hoy dueña del avión más entregado de la aviación general americana.

La designación de Tencent como empresa militar china a principios de 2025 apenas generó revuelo en Silicon Valley. Sus participaciones en firmas de videojuegos eran públicas desde hacía años. El Departamento de Justicia obligó a Tencent a renunciar a dos puestos en el consejo de Epic Games y a sus derechos de nombramiento de directores. La conversación se centró en Fortnite. Pero esa era la conversación equivocada.

El verdadero peligro no está en los videojuegos, sino en los contratos del Pentágono que se firman cada día sin saber quién hay detrás del dinero.

La lógica de Washington

¿Por qué no se ha cerrado el agujero? La respuesta es una mezcla de cultura inversora, intereses fiscales y parálisis legislativa. El ecosistema de Silicon Valley se ha construido sobre la premisa de que el capital no tiene bandera. Los venture capitalists argumentan que revelar a sus inversores espantaría a fondos soberanos y de pensiones de todo el mundo, secando una fuente de financiación que consideran vital. El Congreso lleva una década sin atreverse a tocar el modelo.

A eso se suma un realismo geopolítico incómodo: Pekín ha sido, durante años, un socio comercial y financiero que Washington prefería no irritar. La administración Trump, pese a su retórica dura, ha encontrado resistencias dentro del propio Partido Republicano, donde los sectores más libertarios defienden la no injerencia estatal en los mercados de capital. Mientras tanto, el denunciante Stafford W. Sheehan —fundador de Project Omega y exempleado de un contratista de defensa— ha expuesto cómo esta opacidad se convierte en transferencia tecnológica no declarada. Su testimonio, presentado ante los tribunales, describe una realidad operativa en la que el capital vinculado a adversarios accede sin filtros a la pila tecnológica crítica de Estados Unidos.

Para España, el riesgo es indirecto pero sistémico. La dependencia europea de la tecnología de defensa estadounidense es alta, y buena parte de esa tecnología se desarrolla con el respaldo de fondos que hoy reciben inversión china opaca. Si los sistemas que adquieren las Fuerzas Armadas españolas —desde componentes electrónicos hasta software de navegación— incorporan desarrollos financiados desde Pekín, la cadena de confianza se quiebra sin que Bruselas ni Madrid tengan capacidad real de auditar el origen del capital. Mientras Washington no exija transparencia, la seguridad de los aliados queda expuesta a un agujero que nadie ha querido tapar.

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Ficha del Caso

  • El caso: Fondos de capital riesgo estadounidenses reciben inversiones de entidades vinculadas al Partido Comunista chino sin revelarlas, mientras sus empresas participadas obtienen contratos del Pentágono y otras agencias federales. Un denunciante ha puesto al descubierto el entramado.
  • Datos clave: La designación de Tencent como empresa militar china en 2025; informe de la Cámara de Representantes de 2024 que cifra en más de 3.000 millones de dólares el flujo de cinco firmas de VC hacia empresas del complejo militar-industrial chino; Cirrus Aircraft, propiedad de AVIC desde 2011, es el ejemplo paradigmático de compra silenciosa.
  • Para España: La cadena de suministro de defensa europea, dependiente de tecnología estadounidense, queda indirectamente expuesta a capital opaco chino sin que existan mecanismos para auditar el origen de los fondos en los contratistas del Pentágono. Una reforma en EE. UU. es clave para la seguridad de los aliados.