Misil globo Ucrania: el DART burla la guerra electrónica rusa

El nuevo sistema lanzado desde un globo a 11 km de altitud usa guía satelital y un motor sólido final para evadir las interferencias rusas. Su ojiva de 10 kg dispersa filamentos de grafito diseñados para cortocircuitar subestaciones eléctricas en territorio ruso.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La empresa ucraniana Center of Innovative Technologies ha desvelado el misil DART, un arma lanzada desde un globo a 11 km de altitud para evadir la guerra electrónica rusa.
  • ¿Quién está detrás? Ucrania, a través de un programa de desarrollo nacional, refuerza su campaña de ataques de medio alcance contra la infraestructura energética rusa.
  • ¿Qué impacto tiene? Introduce una capacidad de ataque de alta precisión y bajo costo que degrada los sistemas de defensa aérea rusos y burla sus contramedidas electrónicas.

Kiev ha añadido un nuevo capítulo a su doctrina de ataques de largo alcance, y lo hace desafiando las leyes de la gravedad y la electrónica. La empresa ucraniana Center of Innovative Technologies ha presentado el DART, un misil de 10 kilogramos diseñado para ser lanzado desde un globo que flota en los límites de la estratosfera. Su particularidad no es solo su origen suspendido en el cielo, sino su capacidad para burlar las interferencias rusas gracias a un perfil de vuelo que deja obsoletos los inhibidores electrónicos del Kremlin.

Un misil que cae del cielo sin hacer ruido

El concepto operativo del DART es radicalmente simple y por ello, diabólicamente eficaz. El misil se desprende de un globo a una altitud de entre 7 y 11 millas, empleando guiado satelital durante su descenso inicial. La clave de su resistencia a la guerra electrónica reside en lo que sucede después: al alcanzar las 4 millas de altura, la navegación se desconecta y un motor de combustible sólido lo impulsa en una trayectoria fija hasta su objetivo. En ese punto, ya no hay señal que interferir; el DART se convierte en un proyectil balístico en miniatura contra el que los sistemas de perturbación son inútiles.

El DART se convierte en un proyectil balístico en miniatura contra el que los sistemas de perturbación rusos son inútiles.

Su ojiva, de aproximadamente 22 libras, no es una carga explosiva convencional. Está diseñada para dispersar filamentos de grafito sobre los centros de transformación. El objetivo no es tanto la destrucción física como la parálisis: cortocircuitar la red eléctrica enemiga sin necesidad de penetrar con grandes misiles de crucero. Se trata de una munición de sabotaje industrial que ataca directamente la capacidad rusa de sostener su esfuerzo bélico.

Publicidad

Los creadores del arma han optado por un lanzamiento desde globo por tres razones fundamentales. Es silencioso, casi invisible para los radares de alerta temprana; es barato en comparación con un avión tripulado o un sistema de misiles terrestre; y es una plataforma ideal para saturar las defensas. Los globos ya han demostrado ser una herramienta de castigo económico para Rusia, obligando a sus baterías antiaéreas a disparar misiles S-300 y S-400, valorados en millones de dólares, contra un objetivo cuyo coste ronda los 200 dólares.

De señuelo a vector de ataque: la evolución táctica

Ucrania ha enviado más de mil globos hacia territorio ruso, aprovechando los vientos predominantes de oeste a este. Su debut como mero señuelo en ataques combinados, como los registrados en septiembre sobre Moscú, tenía como finalidad confundir y agotar las defensas antiaéreas rusas. Pero el DART representa la consolidación de esta plataforma como un vector de ataque de precisión. Ya no se trata solo de volar un globo para que gasten un misil; ahora el globo entrega una munición que puede tumbar una subestación eléctrica.

Esta evolución no es un hecho aislado en la estrategia ucraniana. Se enmarca en una campaña de “sanciones de largo alcance”, como las ha definido el presidente Volodímir Zelenski, empleando drones unidireccionales y misiles de crucero que alcanzan objetivos a más de 600 millas dentro de Rusia. El DART añade una nueva capa a esa campaña, sumando el alcance del globo —que puede derivar más de cien millas— al del propio misil, apilando distancias para penetrar más profundamente que cualquiera de ellos por separado. Es la suma de dos alcances en un solo sistema.

Equilibrio de Poder

El DART no es un arma milagrosa, pero su aparición es un indicador cualitativo del nuevo equilibrio tecnológico en la guerra. La competencia entre la guerra electrónica ofensiva y las contramedidas definirá los próximos años. Si las defensas más avanzadas se basan en interferir la señal, un arma que prescinde de ella en su fase terminal plantea una respuesta estructural que la OTAN debe estudiar con detenimiento. El precedente histórico más inmediato nos remite a la carrera por cegar los sistemas de navegación durante la Guerra Fría y al uso de misiles anti-radiación; entonces como ahora, la solución no fue un inhibidor más potente, sino cambiar de frecuencia, y en este caso, el DART simplemente apaga la radio y sigue su curso como una bala.

Para España y el flanco sur de la OTAN, la lección es clara. La financiación de sistemas de defensa antiaérea caros frente a amenazas baratas y saturadoras es un agujero insostenible. La combinación de una plataforma tan simple como un globo meteorológico con una munición guiada de bajo coste socava la lógica de las defensas aéreas integradas. La capacidad de la industria de defensa española para pivotar hacia la producción de enjambres de drones autónomos y municiones merodeadoras de bajo coste no es ya una opción: es una necesidad estratégica ante un campo de batalla donde lo pequeño y masivo ha demostrado ser más eficaz que lo grande y escaso.

La paradoja es que Washington observa con máximo interés, y el reciente contrato de 500 millones de dólares a la empresa de Eric Schmidt para interceptores de drones lo confirma. El Pentágono ya está probando aerostatos para lanzar enjambres, pero el viento juega a favor de Ucrania. La realidad geográfica hace que un globo ruso lanzado hacia el oeste derive de vuelta sobre Rusia, condenando al Kremlin a una imitación imperfecta. Moscú intenta replicar el concepto con su proyecto Barrazh-1, pero la urgencia con la que Kiev convierte cada idea en un sistema en combate está dejando al ejército ruso constantemente un paso por detrás. La ventana táctica está abierta, y el globo aún sigue subiendo.

Publicidad