Un nuevo temblor político recorre América Latina. Esta vez es Colombia, que entra en la ola ultraderechista que ya gobierna en Argentina, Ecuador y Perú, y que encuentra en Washington el paraguas ideal. La pregunta que nos hacemos en España es inevitable: ¿qué se juegan nuestras multinacionales cuando el mapa ideológico de la región gira 180 grados? Vamos a contarlo desde el principio.
Indignómetro
Nivel de impacto para España: 8/10. El giro político de Colombia, sumado a la tendencia regional, afecta directamente a unas 300 empresas españolas con presencia en la zona andina, según datos de la Cámara de Comercio de Madrid. La cifra de inversión acumulada supera los 36.000 millones de euros.
Colombia se suma a la ola ultraderechista regional
El análisis lo firma El Comercio, el diario ecuatoriano que lleva semanas dibujando un mapa político cada vez más conservador para Iberoamérica. En su opinión, Colombia ha virado hacia posiciones de extrema derecha para hacer frente a décadas de polarización y desigualdad, y lo hace en la misma senda que ya tomaron Argentina con Javier Milei, Ecuador con Daniel Noboa y Perú bajo el mandato de Dina Boluarte. Todos ellos comparten una afinidad estratégica con la visión personalista de Donald Trump.
El artículo, titulado ‘La ola ultraderechista’, sostiene que el nuevo escenario colombiano está marcado por una agenda de seguridad dura —con la promesa de fumigar los cultivos de coca— y por una desregulación económica que prioriza al capital sobre los compromisos sociales. ‘Colombia es un país potente, bañado por dos océanos, con gente preparada’, escribe el columnista Washington Herrera, antes de advertir del riesgo de que las tensiones internas se desborden hacia las fronteras vecinas, en especial hacia Ecuador.
La clave está en que Colombia ya no es un caso aislado. Es la pieza que faltaba para que el llamado ‘eje Trump’ tenga en América Latina un bloque compacto de gobiernos afines, justo en un momento en el que las grandes potencias redibujan rutas comerciales y alianzas geoestratégicas. Traducido: el margen de maniobra de las empresas extranjeras será distinto, y España lo sabe bien.
Qué se juegan las multinacionales españolas en Colombia
Colombia es, desde hace años, uno de los destinos predilectos de nuestras grandes compañías. Banco Santander, BBVA, Telefónica, Iberdrola, Naturgy y Repsol son solo la punta del iceberg de una presencia empresarial que abarca además infraestructuras, construcción, moda y tecnología. Según el ICEX, el país andino es el cuarto destino mundial de la inversión española, con un stock que ronda los 5.000 millones de euros.
Un giro hacia la ultraderecha puede materializarse en varias direcciones. Por un lado, la tentación proteccionista y la renegociación de contratos públicos afectarían directamente a las concesionarias españolas de autopistas o a las empresas energéticas. Por otro, una mayor alineación con Washington podría endurecer la fiscalidad para las compañías que también operan en otros países, si se imponen sanciones cruzadas. No es teoría: ya ocurrió en Argentina.
Las reformas de Javier Milei en Argentina, elogiadas por Trump, incluyeron la revisión de licencias energéticas y un aumento de la presión fiscal sobre las utilities, justo el sector en el que varias españolas tienen intereses. El temor de los directivos consultados es que Colombia recorra un camino parecido, esta vez con la excusa de la lucha contra el narcotráfico y la defensa de la soberanía.
Lecciones del pasado: lo que ya le costó a España en Argentina
Conviene recordar que la inversión española en América Latina ha tenido ciclos muy sensibles a los cambios políticos. Tras la ola privatizadora de los años noventa, los giros populistas de los 2000 pusieron a prueba a Repsol en Argentina, a Telefónica en Venezuela o a Endesa en Chile. El denominador común fue siempre el mismo: cuando el gobierno de turno necesitó recursos, las empresas extranjeras se convirtieron en la primera caja.
Ahora, con un bloque ultraderechista que se articula en torno a Trump, el riesgo no es tanto la expropiación clásica como la regulación asimétrica: normas que favorecen a los operadores locales o que imponen condiciones imposibles a los foráneos, bajo la apariencia de defensa nacional. Colombia, que ya tiene un historial de pleitos en tribunales arbitrales con compañías españolas, podría sumar nuevos litigios si el péndulo político sigue avanzando.
La mirada hacia delante invita a ser cautos pero no catastrofistas. Las empresas españolas tienen experiencia y una red de influencia consolidada. Pero también deberán leer con más finura un tablero en el que la diplomacia tradicional se difumina frente a las órdenes ejecutivas de la Casa Blanca.
El mapa ideológico de la región ha girado 180 grados en menos de un año, y las empresas españolas tendrán que adaptarse rápido.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Colombia se suma a la ola ultraderechista que ya domina Argentina, Ecuador y Perú, bajo la influencia de Donald Trump.
- Datos importantes: Inversión acumulada española superior a 36.000 millones de euros; más de 300 empresas afectadas; precedente de revisión de contratos en Argentina.
- Resumen: El giro político en la región andina obliga a las multinacionales españolas a replantearse sus estrategias ante un entorno regulatorio más volátil.

