Bruselas rechaza que la UE ayude a China a eludir aranceles tras entrar en la lista de riesgo de la Casa Blanca

La Comisión Europea asegura que comparte con Washington el objetivo de combatir el fraude aduanero, pero rechaza cualquier acusación de que el bloque facilite el transbordo ilegal. El informe estadounidense estima pérdidas de hasta 303.000 millones de dólares y unos 450.000 emple

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Casa Blanca ha incluido a la Unión Europea en el nivel máximo de riesgo de transbordo de mercancías chinas, y la Comisión Europea ha respondido que comparte el objetivo de luchar contra el fraude aduanero.
  • ¿Quién está detrás? La Oficina de Política Comercial y de Fabricación de la Casa Blanca elabora el informe; la Comisión Europea y sus socios, entre ellos España, gestionan la política aduanera común.
  • ¿Qué impacto tiene? Washington estima pérdidas de entre 40.000 y 303.000 millones de dólares anuales por transbordo y abre la puerta a controles más estrictos sobre bienes europeos con componentes chinos.

La Comisión Europea ha rechazado este viernes la acusación de Washington: la UE no es un coladero para que China esquive aranceles. Bruselas entró el jueves en la lista de máximo riesgo de transbordo de la Casa Blanca y, en su primera reacción oficial, defiende su cooperación aduanera con Estados Unidos.

Un informe de la Casa Blanca que coloca a la UE en el nivel 1

El detonante es el informe publicado este jueves por la Oficina de Política Comercial y de Fabricación de la Casa Blanca. Washington acusa a China de provocar pérdidas multimillonarias y destrucción de empleo mediante el transbordo, la práctica de mover mercancías chinas a través de terceros países para ocultar su origen y esquivar aranceles.

El informe no es una sanción formal. Es una clasificación administrativa pensada para endurecer la política industrial y aduanera. Su inclusión en el nivel 1 implica una vigilancia más alta, no inmediatamente una medida arancelaria contra los productos europeos.

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El documento coloca a la Unión Europea en el nivel 1 de riesgo, la categoría que la Casa Blanca define como ‘líderes diversificados a gran escala’. Comparte ese escalón con Canadá, India, Israel, Japón, México, Corea del Sur y Taiwán. Según Washington, todos gestionan grandes volúmenes de mercancías relacionadas con China y cuentan con bases industriales diversificadas en las que el riesgo de transbordo convive con flujos comerciales legítimos.

Las cifras del informe dan la medida de la sospecha. Estados Unidos estima que el volumen anual de mercancías transbordadas oscila entre 40.000 y 303.000 millones de dólares; en un escenario central de 75.000 millones, calcula una pérdida de entre 19.000 y 26.000 millones de dólares en ingresos federales, unos 450.000 empleos y una reducción del PIB de entre 113.000 y 150.000 millones de dólares.

El perfil de la UE en la lista tiene una lectura doble. Washington reconoce que el bloque comunitario mueve flujos legítimos de gran escala, pero sospecha que ese mismo volumen facilita camuflar mercancías chinas. Por eso la UE aparece junto a aliados militares y comerciales de primer nivel, no junto a países sin controles aduaneros.

Washington no acusa formalmente a la UE de violar sus leyes; la coloca en una categoría de riesgo que Bruselas tratará de neutralizar antes de que se convierta en una excusa arancelaria.

La respuesta de Bruselas: cooperación aduanera, no confrontación

La reacción de la Comisión Europea ha llegado este viernes por boca de un portavoz. ‘La UE comparte el objetivo de EE UU de luchar contra el fraude aduanero’, ha dicho, y ha insistido en que Bruselas mantiene sus actividades habituales de cooperación aduanera con Washington. El tono es deliberadamente cooperativo, no de choque.

Fuentes comunitarias han querido bajar la temperatura: la clasificación no debe interpretarse como una acusación de que la UE facilite o permita sistemáticamente el transbordo ilegal. La Comisión asegura que ya está en contacto con la Administración estadounidense para comprender la metodología del informe, sus conclusiones y las posibles implicaciones para el bloque.

La matización tiene miga: la Comisión no está negando que el transbordo ilegal exista en el comercio global. Está negando que la UE sea un agente que lo permita de forma sistemática. Esa distinción es la que Bruselas quiere trasladar a Washington y, de paso, a sus propios socios europeos ante una opinión pública sensible a la deslocalización hacia China.

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guerra comercial UE EEUU

El Eje del Poder Europeo

El aterrizaje español de este choque no es anecdótico. Las empresas manufactureras y de automoción que utilizan rutas logísticas europeas para exportar a Estados Unidos pueden quedar bajo un control aduanero más estricto si Washington endurece su inspección de mercancías con componentes o reexportaciones chinas. Bruselas no desglosa por Estados miembros, y Moncloa evita por ahora escalar la retórica; la prioridad es no dar munición a una nueva guerra comercial.

La lectura estratégica tiene más calado. La Casa Blanca vuelve a colocar a sus aliados tradicionales bajo sospecha en un momento en que la UE intenta equilibrar tres frentes: la competencia con China, la dependencia comercial de Estados Unidos y la defensa de su autonomía industrial. La lista de riesgo actúa como un aviso preventivo: si Bruselas no demuestra controles suficientes, Washington podría extender sus aranceles a productos europeos que incorporen transformación china.

En la capital comunitaria hay una convicción de fondo: la política aduanera es competencia exclusiva de la Unión desde el Tratado de Lisboa. Si Estados Unidos empieza a clasificar a los Estados miembros o a los socios comerciales de la UE en función de su riesgo, toca un nervio soberano. Bruselas no aceptará fácilmente que Washington imponga su clasificación como si la UE no tuviera un régimen aduanero unificado.

El precedente de la crisis arancelaria de 2018-2019 es el espejo. Entonces la Administración estadounidense impuso aranceles al acero y al aluminio europeos y obligó a la UE a responder con contramedidas. La diferencia ahora es que el expediente deja de ser una simple tarifa: se concentra en el control aduanero, una competencia que Bruselas defiende como propia y que comparte con los Estados miembros, incluida España, a través de las aduanas nacionales.

La próxima ventana crítica es la negociación aduanera en los canales técnicos abiertos entre Bruselas y Washington. No hay una fecha cerrada sobre la mesa, pero la Comisión Europea ya ha pedido comprender la metodología del informe. Si la cooperación aduanera no basta, el conflicto comercial entre las dos orillas del Atlántico tendrá un nuevo capítulo. Y en ese capítulo, el transbordo de China sería la excusa perfecta.