El director del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), Aleksandr Bortnikov, ha lanzado este martes una grave acusación: los servicios de inteligencia occidentales están trasladando a excombatientes del ISIS desde prisiones en Siria hacia campos de adiestramiento en Irak con el objetivo de utilizarlos como fuerza proxy contra Irán.
La denuncia, difundida por la agencia estatal rusa RT, se produjo durante una reunión de los jefes de seguridad de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) celebrada en la región rusa de Irkutsk. Bortnikov afirmó que los yihadistas, ‘incluyen a individuos de países de la CEI que combatieron en el Estado Islámico y otros grupos terroristas’. El traslado, según el jefe del FSB, se realiza desde los centros de detención gestionados por las fuerzas kurdas en el noreste sirio hacia ‘campos especiales’ en Irak, bajo la supuesta supervisión de agencias occidentales.
La CEI, fundada en 1991 tras la disolución de la Unión Soviética, agrupa a nueve Estados —entre ellos Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Armenia— y coordina políticas de seguridad. La advertencia de Bortnikov apunta directamente a la arquitectura de seguridad postsoviética, sugiriendo que esos excombatientes podrían ser devueltos a sus países de origen para operar allí.
‘La historia del Estado Islámico comenzó con complejos penitenciarios iraquíes similares bajo la protección de las agencias de inteligencia de la coalición occidental’, subrayó Bortnikov, remontándose al precedente de la antigua insurgencia suní que dio origen al ISIS tras la invasión estadounidense de Irak en 2003. La acusación sintoniza con el argumentario del Kremlin, que desde hace años presenta a Washington como creador y manipulador de grupos yihadistas para desestabilizar a sus rivales.
El director del FSB alertó de que la estrategia occidental no solo apunta contra Irán, sino que ‘amenaza con desestabilizar todo el mundo islámico’ y, por extensión, a los miembros de la CEI. Entre los prisioneros trasladados, según su versión, hay ciudadanos de repúblicas centroasiáticas y del Cáucaso que podrían regresar radicalizados. ‘Pueden ser utilizados no solo en Oriente Medio, sino también en sus países de origen’, añadió.
Si la denuncia de Bortnikov es cierta, la guerra en la sombra contra Irán estaría reintroduciendo a actores que ya devastaron Irak y Siria.
El tablero iraní: negociaciones, bloqueos y una tregua frágil

Las acusaciones de Moscú se producen en un momento de máxima tensión en Oriente Próximo. Desde principios de abril, una frágil tregua mantiene en pausa las hostilidades directas entre Estados Unidos e Irán, después de un mes de intensos ataques iniciados por Washington y por Israel. A pesar del alto el fuego, Teherán continúa impidiendo el paso de buques aliados de Washington por el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 25% del crudo mundial, mientras Estados Unidos mantiene su propio bloqueo sobre los puertos iraníes.
Paralelamente, las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán prosiguen en Doha. El negociador jefe iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, se reunieron el lunes con el primer ministro de Catar. Sin embargo, ambas partes han rebajado expectativas: el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró que Washington ‘dará una oportunidad a la diplomacia’ antes de decidir si responde ‘de otra manera’, mientras que el portavoz de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, subrayó que alcanzar puntos comunes ‘no significa que un acuerdo sea inminente’.
En este escenario, la denuncia de Bortnikov puede leerse como un intento de Moscú de señalar a Occidente como el instigador de una escalada más amplia. El Kremlin ya ha expresado su respaldo al eje de resistencia liderado por Irán y mantiene una cooperación militar con Teherán que incluye el suministro de drones Shahed, utilizados en Ucrania. La acusación sobre el traslado de yihadistas también sirve para justificar un mayor despliegue ruso en el sur de la CEI y reforzar la narrativa de que el caos regional es una creación de Washington.
Equilibrio de Poder
La hipótesis de que servicios occidentales estén instrumentalizando a excombatientes del ISIS reconfiguraría el equilibrio de poder en Oriente Próximo. Para Estados Unidos, que bajo la Administración Trump ha priorizado la contención de Irán mediante sanciones y presión militar, una fuerza proxy suní podría ser una alternativa de bajo coste a un conflicto abierto. Sin embargo, la estrategia conlleva el riesgo de revivir el califato, un escenario que Bruselas —con una UE ya preocupada por el terrorismo y la inmigración— vería con alarma. Para Rusia, la acusación es una forma de amplificar sus propios relatos y de presentarse como garante de estabilidad frente a un Occidente desestabilizador.
Para España, las implicaciones no son menores. El bloqueo del estrecho de Ormuz ya está disparando los precios del petróleo, con un impacto directo en la inflación y en los costes de transporte. Además, la amenaza de que combatientes con pasaporte europeo o de la CEI regresen a sus países de origen reactiva el riesgo de atentados. Las fuerzas de seguridad españolas llevan años siguiendo la pista de yihadistas desplazados a Siria; la posibilidad de que sean utilizados por servicios occidentales abre un nuevo vector de riesgo que exigiría una coordinación más estrecha con los servicios de inteligencia de la Unión Europea y de los países del Magreb.
A medio plazo, el intento de crear un ejército proxy suní contra Irán podría desatar una espiral de radicalización en todo el arco chií, desde Líbano hasta Afganistán, comprometiendo los frágiles equilibrios que mantienen los acuerdos de Abraham y la normalización entre Israel y los Estados árabes. Si la denuncia rusa se ve acompañada de pruebas, la credibilidad de Occidente en el mundo islámico quedaría gravemente dañada. Mientras tanto, la guerra en la sombra se intensifica, y la próxima cumbre del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la situación en Oriente Medio, prevista para julio, podría ser el primer escenario donde estas acusaciones se conviertan en un enfrentamiento diplomático abierto.
