El estudio de la Universidad de Granada que revela qué cenar para mejorar el sueño

Un estudio de la Universidad de Granada revela que alimentos como el pescado azul, el aceite de oliva o los hidratos de carbono se relacionan con un mejor descanso, mientras que las cenas pesadas pueden hacer que dormir bien sea mucho más difícil.

El sueño se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de nuestro tiempo, porque cada vez más personas se despiertan cansadas, duermen a trompicones o sienten que, aunque pasan horas en la cama, el descanso nunca termina de ser suficiente. En medio de ese problema cotidiano, que afecta tanto al estado de ánimo como a la energía del día siguiente, la ciencia sigue encontrando pistas en hábitos que muchas veces pasan desapercibidos, y uno de ellos es la cena.

Ahora, una investigación liderada por la Universidad de Granada vuelve a poner el foco en la relación entre alimentación y sueño. El estudio, publicado en la revista científica European Journal of Nutrition, concluye que lo que comemos antes de acostarnos puede influir directamente en la calidad del descanso, pero también que dormir mal acaba condicionando lo que el cuerpo pide al día siguiente. En otras palabras, sueño y alimentación forman un círculo mucho más conectado de lo que parece.

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El descanso depende de muchos pequeños hábitos

“Otros factores”. Fuente: Magnific

En los últimos años, los especialistas han advertido de un aumento de los problemas relacionados con el sueño y el insomnio. El estrés constante, las pantallas, las cenas tardías o los horarios desordenados han ido cambiando la forma en que descansamos. Además, los expertos recuerdan que no basta con dormir muchas horas, sino que lo realmente importante es que el sueño sea continuo y reparador, sin interrupciones constantes que impidan al cuerpo recuperarse bien.

En ese contexto, la alimentación aparece como una pieza más dentro de un conjunto de hábitos que pueden ayudar a mejorar el descanso. Comer demasiado tarde, abusar de comidas pesadas o tomar alcohol antes de acostarse son prácticas muy frecuentes que alteran los ritmos naturales del organismo. Por eso, los investigadores de la Universidad de Granada defienden que pequeños cambios cotidianos, como cuidar mejor la cena o mantener horarios más regulares, podrían tener un impacto positivo tanto en el sueño como en la alimentación del día siguiente.

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