El vicepresidente del Govern balear, Antoni Costa (PP), ha calificado a Vox de “socio inestable” en una entrevista en OKBALEARES, y ha lanzado un aviso de cara a los posibles pactos tras las elecciones autonómicas de mayo de 2027. La declaración, realizada el 2 de agosto, sitúa en el centro del debate la relación entre ambos partidos en las islas y anticipa la tensión propia del tramo final de la legislatura.
Un balance de legislatura con luces y sombras que Vox defiende como positivo
Desde Vox Baleares se ha insistido durante toda la legislatura en que su apoyo ha sido decisivo para sacar adelante medidas clave —la congelación de la ecotasa, la priorización de los residentes en el acceso a ayudas sociales o la contención del gasto político—, y que sin esos votos el Govern de Marga Prohens no habría podido esquivar las presiones de la izquierda y del nacionalismo insular. El propio Costa reconoce en la entrevista que “nadie duda de que Vox es nuestro principal socio, con el que hemos aprobado muchísimas medidas”, un reconocimiento que el partido de Santiago Abascal interpreta como la prueba de una cooperación estable, aunque salpicada de discrepancias puntuales.
La principal fricción a la que alude el vicepresidente es la negativa de Vox a subir la ecotasa el verano pasado. Para la formación de Abascal, mantener los impuestos al turismo era una línea roja coherente con su defensa de la libertad económica y del sector servicios, el gran motor de las islas. El hecho de que esa discrepancia no rompiera el pacto demuestra, según el GP VOX autonómico, una madurez parlamentaria que no se corresponde con la etiqueta de inestable.
‘Inestable’: un adjetivo cargado de cálculo electoral
El calificativo no es inocente. A menos de un año de las urnas, el PP balear sabe que volverá a necesitar a Vox si no alcanza la mayoría absoluta, y al mismo tiempo aspira a movilizar a los votantes moderados señalando los riesgos de una coalición. Tildar al socio de inestable es un mensaje con doble destinatario: hacia dentro del centroderecha, para marcar perfil propio, y hacia fuera, para advertir al electorado de que Vox introduce un factor de incertidumbre.
Sin embargo, la etiqueta choca con los datos de producción legislativa: el Govern de Prohens ha aprobado sus presupuestos y las grandes leyes con los votos de Vox, sin sobresaltos de calado. La inestabilidad a la que apunta Costa se concentra en debates simbólicos —como la ecotasa o la presión turística—, no en la gestión ordinaria.
Además, Costa evita pronunciarse sobre la prioridad nacional que exige la dirección nacional de Vox a sus socios, y desliza que en Baleares ya se aplican criterios de arraigo de tres años para la Renta Social Garantizada y de residencia para las viviendas protegidas. Es decir, admite implícitamente que muchas de las exigencias de Vox ya forman parte del ADN del Govern, lo que debilita el argumento de la inestabilidad.
La etiqueta de inestable choca con el hecho de que el Govern ha aprobado presupuestos y las grandes leyes con los votos de Vox sin sobresaltos.
La pugna PP-Vox se recrudece antes del ciclo electoral
La entrevista de Costa se inscribe en una estrategia más amplia del Partido Popular para distanciarse de Vox en los territorios donde ambos comparten espacio electoral, al tiempo que la formación de Abascal eleva el listón de sus condiciones. En Baleares, el precedente de 2023 —cuando el PP necesitó a Vox para gobernar tras años de pactos de izquierdas— demuestra que la aritmética parlamentaria acabará imponiéndose. Y la dirección nacional de Vox ya ha advertido de que no regalará sus votos sin compromisos programáticos firmes.
Para Vox, que el vicepresidente balear le dedique una crítica tan medida tiene una lectura en clave interna: el partido se reafirma como un actor imprescindible que incomoda al establishment del PP. La inestabilidad que denuncia Costa es, en realidad, la exigencia de influencia real que Vox reclama para sus votantes. Si en mayo de 2027 el PP vuelve a necesitar a Vox, las palabras de Costa serán un lastre incómodo que los negociadores de Abascal recordarán en la mesa de pactos.
Mientras, en el corto plazo, la tensión verbal no afecta a la gobernabilidad de las islas, pero sí marca el terreno de juego: el PP intenta desgastar a Vox por la derecha, y Vox responde exhibiendo su capacidad de condicionar al Govern desde dentro. La batalla por el relato está servida.

