7Los cargadores y transformadores que nadie desenchufa
Un cargador enchufado sin ningún dispositivo conectado no está apagado: sigue alimentando el circuito que convierte la corriente alterna de la red en continua y rebaja el voltaje, y ese circuito permanece en tensión. La prueba es térmica: el adaptador sigue tibio horas después de haber retirado el móvil, porque esa energía se disipa en forma de calor. Las mediciones habituales sitúan el consumo de un cargador moderno en vacío entre 0,1 y 0,5 vatios, con la horquilla de 0,26 a 0,5 W registrada por el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley. La Unión Europea calcula que mantener uno conectado los 365 días del año equivale a entre 2,5 y 4,5 kWh, y hay fuentes del sector que elevan el gasto de un transformador externo de portátil hasta los 7 W. Lo determinante no es la cifra, sino que ese consumo se produce sin que nadie lo note y sin que nadie lo desenchufe: no hay gesto, ni ruido, ni aviso, solo una clavija que se queda puesta por costumbre.
Ahí está el motivo de que este elemento entre en cualquier lista de consumo invisible: se multiplica. Una vivienda media acumula el cargador de varios móviles, la tableta, el reloj, los auriculares, el portátil, el cepillo eléctrico, el altavoz o la base del robot aspirador, todos en tensión las 24 horas. De forma individual el asunto es anecdótico —Endesa sitúa el coste de un solo cargador por debajo de los 15 céntimos al año y la OCU lo rebaja a 0,015 euros—, pero el IDAE estima que el conjunto de aparatos en espera representa entre el 7% y el 11% del consumo eléctrico anual de un hogar, unos 400 kWh y entre 32 y 58 euros al año, mientras que Red Eléctrica lo ha cifrado en el 6,6%. La propia normativa europea reconoce ese peso: desde abril de 2020 las fuentes externas AC-DC de hasta 49 W no pueden superar 0,10 W sin carga, y el Reglamento (UE) 2025/2052 baja el límite a 0,075 W a partir de diciembre de 2028, además de fijar 0,48 W para las bases de carga inalámbrica. Un cargador genérico o dañado añade a esa factura invisible calor constante, desgaste de sus componentes y un riesgo real de sobrecalentamiento.

