8Los altavoces inteligentes y asistentes de voz: siempre a la escucha
Pocos aparatos pasan tan desapercibidos en la factura como un altavoz inteligente. Aunque no reproduzca nada y su luz parezca apagada, el dispositivo sigue conectado a la corriente y al wifi, con los micrófonos activos a la espera de la palabra clave que lo despierte. Ese estado de «espera en red» es lo que lo convierte en un consumidor silencioso: nunca se apaga del todo porque, si lo hiciera, dejaría de responder al instante. La OCU sitúa a los altavoces tipo Alexa o Google en el segundo puesto de su ranking de consumo fantasma, con 26,3 kWh al año, solo por detrás de la caldera de gas (27 kWh), lo que equivale a unos 24 euros anuales por aparato. Y eso contando con uno solo: en muchos hogares hay varios repartidos por las habitaciones.
Las cifras varían según el modelo, pero ninguna es despreciable. Mediciones independientes sitúan un Echo Dot en torno a 1,3 vatios en reposo, un Nest Mini entre 1,4 y 1,55 vatios y un HomePod mini cerca de 1,4 vatios, mientras que los que incorporan pantalla suben bastante: un Echo Spot ronda los 3,5 vatios en espera y un Echo Show 8 se queda en unos 2 vatios, según los datos que publica Amazon. Los informes de eficiencia de Apple cifran el HomePod en 1,04 vatios y el HomePod mini en 0,71 vatios en standby, y el estudio de la Electric Power Research Institute apunta a que un altavoz inteligente puede llegar a consumir hasta 3 vatios por hora inactivo y hasta 10 reproduciendo música. Mantener el micrófono siempre encendido tiene ese precio.

