Conde-Pumpido desafía al Supremo y prepara el camino para amnistiar la malversación del ‘Procés’

El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, ha situado este jueves al máximo intérprete de la Constitución en el centro de la batalla jurídica abierta por la aplicación de la ley de amnistía a los condenados por malversación vinculada al procés. En un momento especialmente delicado para las relaciones entre los distintos órganos judiciales, el magistrado ha defendido públicamente el trabajo realizado por el Constitucional y ha reivindicado que sus decisiones deben ser aplicadas por el resto de tribunales.

Sus palabras llegan apenas unos días antes de que el Pleno del Tribunal Constitucional tenga previsto abordar la ponencia relativa al recurso de amparo presentado por la exconsellera catalana Dolors Bassa, una resolución que puede marcar el camino para otros dirigentes independentistas condenados por malversación. El borrador elaborado por Conde-Pumpido propone estimar el recurso y aplicar la amnistía al delito, con carácter preferente y urgente.

El asunto trasciende el caso concreto de Bassa. La interpretación que adopte definitivamente el Constitucional tendrá consecuencias sobre el resto de condenados afectados por la discusión sobre la malversación, entre ellos Carles Puigdemont, cuya situación jurídica depende en buena medida de cómo se cierre esta controversia.

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Conde-Pumpido cuestiona la interpretación del Supremo

Una de las afirmaciones más relevantes de Conde-Pumpido se refiere directamente al criterio seguido por el Tribunal Supremo. El presidente del Constitucional considera que existe una contradicción en las resoluciones dictadas por el alto tribunal respecto a la relación entre el proceso independentista y el posible perjuicio a los intereses financieros de la Unión Europea.

La ponencia redactada por Conde-Pumpido habla de una contradicción «flagrante e insoluble» y sostiene que el Supremo habría utilizado razonamientos incompatibles entre sí para justificar que la malversación quedase fuera del ámbito de aplicación de la amnistía. Según el borrador, esa interpretación supone una «quiebra de racionalidad inconciliable» con las garantías que deben regir cualquier decisión judicial.

El fondo de la discusión está en uno de los puntos más controvertidos de la ley aprobada por las Cortes. El Supremo rechazó aplicar la amnistía a determinados supuestos de malversación al considerar que concurrían circunstancias que impedían acogerse al perdón legislativo. El Constitucional debe determinar ahora si esa interpretación es compatible con la Constitución y con el contenido de la propia ley.

Conde-Pumpido ha defendido que el Constitucional está cumpliendo con su función institucional. Durante su intervención ha insistido en que «con la sentencia sobre la ley de amnistía cumplimos con nuestra obligación», al tiempo que ha reivindicado el papel del tribunal como garante de los derechos fundamentales y de la interpretación constitucional.

La cuestión adquiere especial importancia porque el Constitucional no actúa como una instancia ordinaria más dentro de la jurisdicción penal. Su función es determinar si las decisiones sometidas a su examen respetan los derechos fundamentales y los principios constitucionales. La controversia aparece cuando esa interpretación termina afectando directamente a decisiones adoptadas por el Supremo.

El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, durante un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum. Foto Agencias
El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, durante un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum. Foto Agencias

La decisión puede abrir la puerta al regreso de Puigdemont

El alcance político de la resolución es difícil de separar de sus consecuencias jurídicas. Si finalmente el Constitucional confirma el criterio planteado por Conde-Pumpido y establece que la amnistía también debe aplicarse a la malversación en los supuestos examinados, el escenario procesal de varios dirigentes del procés cambiará sustancialmente.

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Entre los nombres que aparecen en el horizonte está el de Carles Puigdemont, cuya situación judicial constituye desde hace años uno de los principales puntos de conflicto entre el Gobierno, los partidos independentistas y los órganos jurisdiccionales. La aplicación efectiva de la amnistía a la malversación podría eliminar uno de los obstáculos que todavía condicionan su situación penal.

No significa, sin embargo, que la intervención del Constitucional suponga directamente una orden política para facilitar su regreso. Se trata de una consecuencia jurídica derivada de la interpretación que finalmente adopte el tribunal sobre la ley de amnistía. La propia RTVE ha señalado que la ponencia plantea la aplicación de la norma a los delitos de malversación «con carácter preferente y urgente», una formulación que explica la trascendencia del pronunciamiento.

La cuestión tampoco está completamente cerrada. La ponencia debe ser debatida y votada por el Pleno del Tribunal Constitucional, y los magistrados discrepantes pueden formular votos particulares. Por tanto, el texto conocido hasta ahora representa la posición del ponente, no todavía la sentencia definitiva.

Ese matiz resulta especialmente importante porque el debate jurídico ha generado fuertes críticas desde sectores vinculados al Supremo. La discusión ya no se limita a determinar cómo debe interpretarse la amnistía, sino que afecta a la relación institucional entre el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo y al alcance de las decisiones de cada uno.

El Constitucional reivindica su autoridad frente al Supremo

El mensaje de Conde-Pumpido incorpora además una cuestión de fondo: la relación entre la jurisdicción constitucional y la jurisdicción ordinaria. El presidente del Constitucional ha defendido que las decisiones de su tribunal son vinculantes y que deben ser aplicadas por los órganos judiciales afectados.

La afirmación adquiere relevancia después de meses de tensión alrededor de la amnistía. Desde que la norma fue aprobada, el Supremo y otros órganos judiciales han mantenido interpretaciones diferentes sobre algunos de sus efectos. El Constitucional ha ido resolviendo recursos relacionados con la norma y ahora entra en una fase decisiva con los recursos de amparo individuales.

El propio Conde-Pumpido ya había defendido en anteriores intervenciones que el tribunal había cumplido con su función al pronunciarse sobre la constitucionalidad de la ley. En una entrevista concedida a RTVE a finales de agosto, el presidente del Constitucional sostuvo además que en España existe una «juridificación de la política, y no al revés», una reflexión que cobra especial significado ante la cantidad de conflictos políticos que han terminado trasladándose a los tribunales.

La amnistía es probablemente el ejemplo más evidente de ese proceso. Una decisión inicialmente política, aprobada mediante una ley de las Cortes, ha acabado generando una compleja cadena de recursos, cuestiones jurídicas y enfrentamientos interpretativos entre tribunales.

La sentencia que prepara el Constitucional tendrá así una doble dimensión. Por un lado, resolverá la situación concreta de los recurrentes. Por otro, fijará una interpretación que deberá ser tenida en cuenta en los procedimientos pendientes relacionados con la aplicación de la ley.

Carles Puigdemont, líder de Junts, expresidente de la Generalitat y prófugo de la Justicia española (Fuente: Agencias)
Carles Puigdemont, líder de Junts, expresidente de la Generalitat y prófugo de la Justicia española (Fuente: Agencias)

La renovación del Constitucional añade presión institucional

La intervención de Conde-Pumpido se produce, además, en vísperas de un proceso de renovación pendiente en el Tribunal Constitucional. El presidente ha reclamado este mismo jueves a las fuerzas políticas que cumplan con la Constitución y procedan a renovar a los cuatro magistrados cuya designación correspondía al Senado y cuyo mandato terminó en diciembre de 2025.

Entre ellos se encuentra el propio Conde-Pumpido. También están pendientes de renovación María Luisa Balaguer, Ricardo Enríquez y José María Macías. El presidente del tribunal ha recordado que la Constitución establece un mandato de nueve años y ha pedido que las dificultades políticas no se impongan al cumplimiento de ese mandato constitucional.

El contexto convierte sus declaraciones sobre la amnistía en especialmente relevantes. El presidente del Constitucional está defendiendo al mismo tiempo la autoridad de las resoluciones de la institución que preside y reclamando que las fuerzas políticas desbloqueen su renovación.

Conde-Pumpido ha asegurado que garantizará el funcionamiento normal del tribunal hasta que se produzca la renovación. También ha señalado que la decisión corresponde al Senado, donde el Partido Popular dispone de mayoría absoluta, y ha apelado a que los partidos alcancen un acuerdo.

El Constitucional afronta, por tanto, una semana decisiva. La sentencia sobre la malversación puede cerrar uno de los capítulos más controvertidos de la aplicación de la amnistía y, al mismo tiempo, abrir otro escenario judicial para los dirigentes del procés. La resolución determinará hasta dónde llega el perdón aprobado por las Cortes y cómo debe aplicarse cuando entra en conflicto con la interpretación mantenida por el Supremo.

El debate ya no se limita a amnistía sí o no. La cuestión central es quién fija definitivamente el alcance constitucional de la ley, cómo debe ejecutarse una decisión del Constitucional y qué consecuencias tendrá para los procedimientos pendientes. En ese terreno, las palabras de Conde-Pumpido anticipan una defensa cerrada del papel de su tribunal: «con la sentencia sobre la ley de amnistía cumplimos con nuestra obligación».

La próxima votación del Pleno será la que transforme esas palabras y la ponencia del presidente en una decisión judicial definitiva. Y de ella dependerá buena parte del futuro jurídico de los condenados por malversación vinculada al procés, así como el nuevo equilibrio entre el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo y el poder político.