EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) Mohammad Reza Naqdi, asesor del Líder Supremo, anuncia el cierre inminente de varias rutas de tránsito abiertas junto a la costa de Omán y sostiene que el Estrecho de Ormuz está bajo control iraní total.
- ¿Quién está detrás? Irán y Estados Unidos, con Omán como Estado ribereño afectado y la navegación comercial internacional en medio del pulso.
- ¿Qué impacto tiene? Por el estrecho pasa cerca de un quinto del petróleo y del GNL mundial. El Brent cotiza en torno a los 101 dólares, frente a los 72 previos al conflicto, y el martes un petrolero fue alcanzado por un proyectil con doce heridos.
Irán amenaza con cerrar las rutas que considera ‘ilegales’ en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa un quinto del petróleo mundial. La advertencia la firma un asesor del Líder Supremo y llega el mismo día en que Washington asegura que Teherán ha perdido el control del paso. Las dos versiones no encajan entre sí, y ninguna cuadra del todo con los datos de tráfico.
El IRGC anuncia el cierre de las rutas abiertas junto a la costa de Omán
El comandante de alto rango del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) Mohammad Reza Naqdi, asesor del Líder Supremo, aseguró el miércoles que varias rutas de tránsito que discurren junto a la costa de Omán serán cerradas en breve. Las declaraciones las recoge la televisión estatal rusa RT, única fuente que ha difundido el anuncio hasta el momento.
Según su versión, esas rutas se abrieron a base de voladuras y daños en pasajes rocosos y las utilizan embarcaciones pequeñas para sacar petróleo del estrecho y transferirlo después a buques de mayor calado. Naqdi calificó esos envíos de contrabando y sostuvo que su volumen es demasiado reducido como para demostrar que el tráfico por Ormuz se está normalizando. Ese detalle técnico no ha sido confirmado de forma independiente por ninguna autoridad marítima.
‘El Estrecho de Ormuz está cerrado, y las fuerzas armadas de la República Islámica de Irán tienen el control total sobre él’, declaró Naqdi, que añadió que las restricciones se mantendrán hasta que se atiendan las ‘demandas legítimas’ de Teherán. La posición no es nueva: en semanas anteriores el Gobierno iraní ha condicionado la reapertura del paso a que Washington rebaje la presión militar y levante el bloqueo sobre los puertos iraníes. Todo ocurre en el marco del conflicto abierto a finales de febrero, cuando comenzó la ofensiva estadounidense e israelí contra Irán, que disparó los precios de la energía y convirtió el estrecho de Ormuz en el principal termómetro del riesgo global.
Dos versiones incompatibles y un petrolero alcanzado por un proyectil

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ofreció el miércoles una lectura opuesta. Aseguró que el estrecho está ‘abierto’ y que Irán ha ‘perdido por completo el control’ de Ormuz. ‘Sale casi tanto petróleo como antes de que empezara el conflicto’, dijo a los periodistas. El presidente Donald Trump ha ido más lejos y sostiene que la Armada estadounidense está escoltando en la práctica los cargamentos, con flujos diarios por encima de los 20 millones de barriles diarios. En la misma comparecencia, Trump atribuyó la escasez global de diésel a los ataques ucranianos contra refinerías rusas y pidió a Volodímir Zelenski que los detenga.
Los hechos registrados en las últimas horas dibujan un panorama bastante menos ordenado. El martes, el petrolero de bandera panameña On Peace fue alcanzado por un proyectil cerca de Omán y doce miembros de su tripulación resultaron heridos, según las autoridades de la India. Ningún grupo ha reivindicado el ataque. El Brent cotizaba el miércoles en torno a los 101 dólares por barril, frente a los 72 previos al estallido del conflicto, una prima de riesgo que las aseguradoras marítimas traducen en recargos de guerra sobre cada travesía.
Un estrecho no se cierra con un comunicado, pero basta con que las aseguradoras lo crean cerrado para que el precio del crudo se comporte como si lo estuviera.
La contabilidad tampoco sostiene del todo la versión optimista. La media móvil de siete días de exportaciones de crudo regional alcanzó los 18,3 millones de barriles diarios el 30 de septiembre, según datos provisionales de Kpler citados por Reuters. Esa cifra incluye crudo que sale por rutas ajenas a Ormuz, de modo que no equivale al tránsito del estrecho. El dato no cuadra. Comparar los 20 millones de Trump con los 18,3 de Kpler es comparar dos cosas distintas, y ahí es donde el pulso se pierde.
Equilibrio de Poder
Washington juega esta carta con lógica electoral. Con las legislativas de noviembre en el horizonte, la Casa Blanca necesita precios de carburante contenidos y un relato de control. De ahí el mensaje de Rubio y la insistencia de Trump en que la Armada garantiza el paso. La contradicción no admite matices: si Irán ha perdido el control, no se entiende por qué hace falta escoltar petroleros ni por qué el diésel sigue escaseando en Europa. Analizamos ese esquema como una gestión de expectativas, no como una evaluación militar.
Moscú observa el incendio desde una posición cómoda. Cada dólar que sube el Brent alivia su presupuesto de guerra, aunque sus propias refinerías estén bajo ataque. El Kremlin tiene pocos incentivos para empujar hacia una desescalada en Ormuz y bastantes para mantener el estrecho como variable de presión sobre los precios que paga Europa. Pekín, primer comprador del crudo que sale del Golfo, compite por los mismos cargamentos con una flota propia y un seguro marítimo alternativo, lo que reduce su exposición al riesgo pero no su dependencia energética.
Bruselas, en cambio, sigue sin margen. Un quinto del gas natural licuado que se mueven por el mundo atraviesa Ormuz, y el mercado europeo fija precios con lo que ocurre en el Golfo, aunque los buques que atracan en sus puertos vengan de Texas o de Argelia. La Comisión Europea ha priorizado la diversificación desde 2022, pero no ha resuelto el cuello de botella del diésel, que es la vulnerabilidad real de esta crisis.
Para España el impacto llega por tres vías. La primera es el precio del diésel, que arrastra al transporte, a la agricultura y al coste del kilómetro en toda la península. La segunda es la factura energética: las seis plantas regasificadoras españolas dan capacidad de maniobra, no inmunidad, y los contratos de GNL se referencian a índices que el estrecho mueve.
La tercera es la frontera sur. Si el crudo se mantiene por encima de los cien dólares, Marruecos tendrá que elevar su gasto en subvenciones al combustible, y el Magreb y el Sahel ya acumulan tensiones sociales y presión migratoria. En paralelo, las bases de Rota y Morón siguen siendo piezas fijas del dispositivo estadounidense en la zona, y cualquier extensión de la Operación Aspides, la misión naval europea en el mar Rojo, obligará a Moncloa a decidir si amplía su compromiso.
El precedente útil no es el de 2019, cuando varios petroleros ardieron en el Golfo de Omán sin que el tráfico se detuviera, sino la Guerra de los Petroleros de los años ochenta, que acabó con la Armada estadounidense escoltando buques bajo bandera de conveniencia en la Operación Earnest Will, el mayor despliegue de convoyes navales desde la Segunda Guerra Mundial. Entonces hizo falta casi un año de hostigamiento para forzar el cambio de doctrina. El riesgo inmediato ahora es otro: que Teherán cierre una ruta corta y barata, que un proyectil alcance un buque con carga europea y que la prima de riesgo se instale en el mercado sin que nadie haya declarado un bloqueo formal.
El siguiente marcador será el informe mensual de la Agencia Internacional de la Energía y la reunión del Consejo de Energía de la Unión Europea, donde España volverá a pedir mecanismos de compra conjunta. Hasta entonces, seguimos de cerca el dato de tráfico diario del estrecho: es el único que no se puede maquillar.
