Suiza elige el SAMP/T NG europeo y el Barak MX israelí para su defensa aérea y mantiene el Patriot

El Consejo Federal mantiene la compra del Patriot y someterá al Parlamento un paquete de 24.000 millones de francos en diciembre. La decisión final entre Eurosam e IAI llegará en el primer trimestre de 2027.

La defensa aérea de Suiza se decide entre Europa e Israel. Berna ha descartado las candidaturas de Alemania y Corea del Sur y dirimirá su segundo sistema de largo alcance entre el SAMP/T NG de Eurosam y el Barak MX de Israel Aerospace Industries, según el comunicado del Consejo Federal del 28 de octubre.

El Ejecutivo helvético no renuncia al Patriot. Mantiene la compra del sistema estadounidense y las conversaciones con Washington sobre los plazos de entrega, pero añade una segunda capa que no dependa de un único proveedor. La factura política ya está sobre la mesa: el Parlamento revisará en su sesión de invierno un paquete de 24.000 millones de francos suizos —unos 30.000 millones de dólares— en gasto de defensa y seguridad, del que 6.000 millones financiarán ese segundo sistema de largo alcance y parte del sobrecoste del Patriot. Berna se ha marcado como objetivo alcanzar el 1% del PIB en defensa en 2030, frente al entorno del 0,8% actual.

Por qué Berna se mueve ahora: el Patriot que llega tarde y la amenaza que no espera

El razonamiento oficial es de una franqueza poco habitual en un documento de compras. ‘El Consejo Federal considera necesario reforzar la defensa aérea del país ante el deterioro de la situación geopolítica’, señala el texto, que insiste en que los sistemas de largo alcance son ‘indispensables’ y deben ir acompañados de munición suficiente. Detrás del lenguaje administrativo hay un problema muy físico: la entrega del Patriot acumula varios años de retraso.

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Washington ha decidido priorizar las entregas a los países que han cedido sus propias baterías a Ucrania. Suiza no está en esa lista. Y aun así, abandonar la compra sin un sustituto sería una temeridad: el Consejo Federal descarta esa opción ‘en la situación actual’, mientras sigue negociando con la administración estadounidense un calendario que nadie en Berna se atreve a fijar por escrito. La última vez que Europa occidental revisó su paraguas antiaéreo a marchas forzadas fue tras la anexión de Crimea en 2014; entonces el resultado fue una década de declaraciones y muy pocos contratos firmados.

La arquitectura que pretende montar Suiza tiene tres pisos. El corto alcance lo cubre el Skynex de Rheinmetall; el medio, el IRIS-T SLM de Diehl Defence, ya contratado; el largo, el Patriot y ese segundo sistema por decidir. Todo se coordina con los cazas de la Fuerza Aérea suiza, que operan desde bases alpinas dispersas y con pistas que la nieve cierra varios meses al año. Un país pequeño, un territorio vertical y muy poco margen de error.

Un país que no puede defender su propio espacio aéreo no negocia su neutralidad: la recibe impuesta.

La lógica del doble proveedor es la clave del expediente. El Consejo Federal lo dice sin rodeos: el segundo sistema debe permitir ‘ampliar el área protegida’ y ‘reducir la dependencia de un solo proveedor o de una sola cadena de suministro’. En términos de Estado Mayor, eso significa que un bloqueo exportador, un accidente industrial o una guerra lejana no pueden dejar a Suiza con los hangares vacíos. Es doctrina, no capricho.

El paquete de 24.000 millones pasa al Parlamento en la sesión de invierno, previsiblemente en diciembre. No es un trámite: el sistema político suizo exige mayorías transversales y el gasto militar compite con las partidas sociales en un país donde el ejército de milicia se mira con recelo desde hace décadas. La secuencia prevista sitúa en el primer trimestre de 2027 la decisión definitiva del Consejo Federal sobre la apropiación adicional del Patriot y los siguientes pasos del segundo sistema. Hasta entonces, Berna negocia plazos con Washington y evalúa ofertas con París, Roma y Tel Aviv.

SAMP/T NG contra Barak MX: el duelo técnico que también es político

El SAMP/T NG es el buque insignia de Eurosam, la sociedad conjunta de MBDA y Thales. Monta el misil Aster 30 B1NT, con un alcance del orden de los 150 kilómetros y capacidad declarada contra misiles balísticos de corto y medio alcance en fase terminal. Es el único sistema de origen europeo con ese perfil, ya en servicio en Francia e Italia, y desplegado en Ucrania desde 2023 con una reputación operativa que conviene leer con cautela: las cifras de intercepción las publican los estados mayores, no los fabricantes.

El Barak MX de IAI juega otra carta: modularidad. Se comercializa con interceptores de 35, 70 y 150 kilómetros sobre un mismo sistema de mando y control, con versión naval, y con la reputación de un fabricante acostumbrado a entregar rápido. Lo que pierde en pedigrí europeo lo gana en flexibilidad de integración y, probablemente, en precio.

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La decisión no se tomará solo con criterios técnicos. El propio Consejo Federal subraya que el análisis incorpora ‘consideraciones de política exterior y de política económica’. En cristiano: qué dice Bruselas si Suiza compra europeo, qué margen hay para compensaciones industriales y hasta dónde alcanza la ley de material de guerra, que limita la reexportación de armamento a países en conflicto. Con Israel esa cláusula se gestiona con un memorando; con una Europa que reexporta a Ucrania, es un avispero jurídico.

Berna declaró en mayo su preferencia por un sistema producido en Europa. Ese sesgo no es decisivo, pero pesa: París y Roma lo presentan como una cuestión de autonomía estratégica y Bruselas lo vincula al fondo europeo de defensa. En esta redacción entendemos que el SAMP/T NG parte con ventaja política y el Barak MX con ventaja de calendario. Cualquiera de las dos opciones deja a Suiza dentro de una red de suministro extranjera; la diferencia es cuál.

Equilibrio de Poder

El eje Washington-Moscú-Bruselas atraviesa esta compra más de lo que Berna admite. Estados Unidos ha convertido la producción del Patriot y del interceptor PAC-3 MSE en un recurso escaso que reparte según el mérito aliado: primero quien entrega a Kiev, después quien financia. Suiza, neutral y sin transferencias a Ucrania, aparece al final de la cola. No es una represalia, es aritmética industrial: Lockheed Martin produce un número limitado de interceptores al año y la demanda se ha multiplicado desde 2022. Moscú no necesita hacer nada; el retraso de una batería en los Alpes es una victoria narrativa gratis, y el Kremlin lleva una década explotando la idea de que Occidente no cumple sus promesas de seguridad.

Para España, el expediente suizo funciona como espejo incómodo. Madrid opera una flota reducida de Patriot —las baterías adquiridas a partir de 2004, una de ellas desplegada en Adana (Turquía) entre 2015 y 2016— y no ha concretado públicamente su relevo. El flanco sur, con Canarias, el Estrecho, y Ceuta y Melilla en el mapa de amenazas, sigue sin una capa antimisiles de teatro homologada más allá de los sistemas de corto alcance. La dimensión industrial también cuenta: España participa en MBDA a través de Airbus, socio al 37,5% de la sociedad, de modo que cada contrato de exportación del SAMP/T NG revierte indirectamente en carga de trabajo para la división de misiles. Al otro lado del Estrecho, Rabat ha explorado sistemas israelíes de defensa aérea en los últimos años, según informaciones del sector; un contrato suizo con IAI reforzaría la posición comercial de la empresa en el Magreb.

La lectura a cinco y diez años es la de una Europa que se blinda por capas, con dos cadenas de suministro paralelas: la estadounidense, escasa y condicionada políticamente; la europea, más cara y todavía inmadura en ritmo de producción. Suiza acaba de elegir no elegir del todo, y ese matiz define la próxima década de su neutralidad armada: seguirá comprando en Washington lo que Washington quiera venderle y cuando quiera, y buscará en Europa o en Israel lo que no puede esperar. El hito a vigilar es la sesión de invierno del Parlamento, en diciembre, y la decisión del Consejo Federal prevista para el primer trimestre de 2027. Si el paquete se aprueba y la balanza se inclina por Eurosam, el SAMP/T NG sumará su primera victoria comercial fuera de Francia e Italia. Si se bloquea, la neutralidad suiza habrá ganado tiempo y perdido altura. Cosas que pasan en 2026.