Retirada de EE. UU. de Irak: el Ejército cierra 12 años de misión contra el Estado Islámico

El cierre de la misión deja atrás dos décadas de presencia militar y una factura estimada de hasta 2,89 billones de dólares. Bagdad asume en solitario la seguridad interior y Teherán gana peso en el país.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Ejército de Estados Unidos completa este miércoles la retirada de Irak y da por cerrada la Operación Inherent Resolve, doce años de campaña contra el Estado Islámico.
  • ¿Quién está detrás? La Casa Blanca y el Departamento de Guerra (nuevo nombre del Departamento de Defensa desde 2025) ejecutan el repliegue con el Gobierno de Bagdad, que asume en solitario la seguridad interior.
  • ¿Qué impacto tiene? España queda más expuesta en el flanco energético del sur de Europa y las milicias proiraníes se quedan sin contrapeso americano.

El Ejército de Estados Unidos culmina este miércoles su retirada de Irak y cierra doce años de misión contra el Estado Islámico.

La Operación Inherent Resolve termina hoy, sin ceremonia multitudinaria y con una transición ordenada: la seguridad interior queda en manos exclusivas de las fuerzas iraquíes, mientras Washington y Bagdad reformulan su vínculo como una relación de defensa bilateral. No es una ruptura: es un cambio de papel.

Qué se cierra este miércoles: dos décadas de guerra y una factura de 2,89 billones

La misión nació en 2014, después de que el Estado Islámico capturara amplias zonas de Irak y Siria y el mundo viera caer Mosul en directo. Según el Servicio de Investigación del Congreso, la campaña entró en en una fase de asesoramiento y capacitación cuando el califato perdió el territorio. El argumento de Bagdad, expuesto en julio por el portavoz del comandante en jefe, es que sus fuerzas bastan y que lo que necesitan son armas avanzadas y tecnología.

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El coste humano se resiste a caber en una línea. La Operación Libertad Iraquí dejó 4.418 militares estadounidenses muertos —3.481 de ellos clasificados como bajas hostiles— y 31.994 heridos en combate. La Operación New Dawn sumó 74 fallecidos más antes de la retirada de diciembre de 2011. Y la campaña contra el ISIS se ha cobrado vidas hasta el final: el sargento Michael Emmanuel Swinton murió el 19 de julio en la base aérea de Erbil, durante la detonación controlada de un dron kamikaze derribado. Era el último nombre de una lista abierta en 2003.

El dinero tampoco cabe en una sola columna. El primer suplementario de emergencia de 2003 ascendió a 62.600 millones de dólares. El Pentágono calculó 757.100 millones en obligaciones hasta el año fiscal 2018 entre las tres operaciones, y la reconstrucción iraquí consumió 60.640 millones entre 2003 y 2012, de los que al menos 53.260 millones se gastaron de verdad. El proyecto Costs of War de la Universidad de Brown eleva la suma de Irak y Siria a 1,79 billones hasta 2023. Hasta 2,89 billones si se añaden las obligaciones médicas de los veteranos proyectadas hasta 2050.

Casi tres billones de dólares después, el Estado Islámico sigue existiendo y quien hereda el terreno no es un socio estable.

Y la cuenta no se cierra con el último vuelo. El Departamento de Guerra presupuestó 4.500 millones para la operación contra el ISIS en el año fiscal 2026, un total que cubre Irak, Siria y Líbano. Los 62.600 millones de 2003 son historia. Las nóminas de los veteranos, no.

El hueco que deja Washington: Teherán, el ISIS y las milicias que disparan desde febrero

La pregunta que recorre Bagdad y Erbil no es si el ISIS puede volver, sino cuánto tardará. El comandante kurdo Sirwan Barzani advierte de que la pérdida de inteligencia, drones y apoyo logístico estadounidenses abre una ventana a la reorganización yihadista, y responsables de seguridad iraquíes han confirmado el desmantelamiento reciente de una célula que preparaba atentados suicidas alrededor de la fecha de salida.

El otro actor es Teherán. El Departamento del Tesoro documentó en septiembre el flujo de entrenamiento, armas, financiación, inteligencia y apoyo logístico de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria hacia Kata’ib Hizballah, la facción más influyente dentro de las Fuerzas de Movilización Popular. Esos grupos han lanzado cientos de ataques con drones y cohetes contra instalaciones estadounidenses desde febrero.

Estado Islámico

Para el analista iraquí Jasim al-Bahadli, la salida beneficia a Irán porque la presencia estadounidense actuaba como contrapeso. Para Abu Mojtaba al-Yasiri, comandante de la Resistencia Islámica en Irak, es directamente una victoria. Dos lecturas opuestas que coinciden en lo esencial.

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El terreno no se queda vacío.

La Lógica de Washington

Desde dentro del sistema americano, la decisión tiene una lógica reconocible. La doctrina America First, marca de la era de Donald Trump, no consiste en abandonar el mundo, sino en reordenar prioridades: Oriente Próximo se percibe como un sumidero de recursos, mientras la competencia estratégica real se libra en el Indo-Pacífico. La coalición que sostiene este enfoque dentro del Partido Republicano une a los críticos históricos de las intervenciones con un electorado que exige que el dinero federal se quede en casa. Para ese votante, cada soldado que vuelve es un argumento. Cada misión abierta, un pasivo.

El precedente más inmediato es Afganistán, en agosto de 2021, cuando la salida cerró veinte años de guerra y abrió el mismo interrogante: qué ocurre con el terreno cuando Washington se marcha. Antes hubo otro: la retirada de Irak ordenada por Barack Obama en 2011 precedió a la irrupción del ISIS tres años después. La historia americana muestra que estos repliegues no se improvisan, pero tampoco salen gratis.

El encaje español deja de ser un asunto lejano. Irak figura entre los diez primeros orígenes del crudo que entra por los puertos españoles, y las refinerías del sur de Europa procesan habitualmente barriles de Basora. Cada dólar de subida sostenida del barril por prima de riesgo geopolítica se traduce en cientos de millones de euros de coste adicional para una economía que importa casi todo su petróleo. Los analistas del Real Instituto Elcano insisten desde hace años en que el interés español en la región es energético antes que militar.

El repliegue no toca las bases de Rota y Morón, piezas centrales de la proyección estadounidense, pero reordena el mapa en el que España opera como socio. El contingente de adiestramiento que mantuvo durante años en el norte de Irak ya había concluido, y parte del esfuerzo pasa a la misión de la OTAN y al debate sobre el 2% del PIB en defensa.

La proyección tiene tres ventanas: el plazo del comité técnico conjunto que debe diseñar el nuevo marco bilateral, la votación pendiente en el Congreso sobre la derogación de las autorizaciones de uso de la fuerza de 1991 y 2002 —un debate que se vuelve más sencillo sin tropas sobre el terreno— y el presupuesto del año fiscal 2027, donde se verá si el dinero se desplaza de verdad o si la salida de Irak se compensa con más presencia en el Golfo. El riesgo es que el ISIS reaparezca en el vacío. El que casi nadie discute en la región es que Irán tiene más facilidad para llenarlo.

Ficha del Caso

  • El caso: Estados Unidos cierra este miércoles la Operación Inherent Resolve y completa su retirada de Irak tras dos décadas de presencia militar intermitente y doce años de campaña contra el Estado Islámico.
  • Datos clave: 4.418 militares muertos y 31.994 heridos en la Operación Libertad Iraquí; 757.100 millones de dólares en obligaciones hasta el año fiscal 2018; hasta 2,89 billones en coste estimado con las obligaciones para veteranos hasta 2050.
  • Para España: Rota y Morón siguen intactas, pero la salida añade prima de riesgo sobre el crudo iraquí que entra por los puertos españoles y traslada el esfuerzo a la misión de la OTAN.