El Reino Unido privatiza la seguridad de Trooping the Colour y del ceremonial monárquico

La Metropolitan Police reduce su presencia en los actos de la Corona y deja la mayor parte de la protección en manos de una empresa contratada. El Ministerio de Defensa admite conversaciones mientras los mandos militares dudan de la fórmula.

La Metropolitan Police reducirá su despliegue en Trooping the Colour, las salvas de cañón, y el Cambio de Guardia a partir del próximo mes. Una empresa privada asumirá la mayor parte de las funciones de protección del ceremonial monárquico británico, según ha confirmado la propia fuerza policial.

Qué cambia en el ceremonial: menos policía y más contrato

La policía metropolitana ha retirado la que sus propias fuentes describen como la ‘gran mayoría’ del dispositivo que destinaba al desfile del cumpleaños oficial del monarca, a las salvas y al relevo de la guardia. Quedará una presencia policial mínima. El calendario de actos no se toca; sí cambia quién los cubre y con qué margen de reacción ante un incidente.

Los números explican la decisión mejor que cualquier comunicado. En los últimos doce meses, los agentes han sido movilizados en cerca de 17.800 ocasiones para apoyar actos ceremoniales militares, con un coste estimado de 10,6 millones de libras, en torno a doce millones de euros. Entre los efectivos desplazados hay especialistas que la fuerza necesita en otra parte: motoristas de las unidades de tráfico, por ejemplo.

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‘El público quiere con razón ver a los agentes en primera línea, deteniendo a criminales y manteniendo nuestra ciudad a salvo. Esa es nuestra prioridad’, ha defendido un portavoz de la Metropolitan Police. La misma fuente admite que, con recortes presupuestarios y más demanda, la fuerza se ha visto obligada a tomar decisiones difíciles sobre sus recursos.

El coste como argumento y la incomodidad castrense

El Ministerio de Defensa británico asegura que sigue trabajando ‘de forma colaborativa’ con la policía en los actos ceremoniales y que valora la aportación de sus colegas. La fórmula, sin embargo, no ha pasado el filtro de quienes tendrían que rendir cuentas si algo falla.

El general Lord Dannatt, exjefe del Estado Mayor del Ejército británico, ha sido el más explícito: ‘la seguridad interior es responsabilidad de la Metropolitan Police, y punto’. Añadió que le sorprende que una evaluación de riesgos pueda externalizar semejante función y advirtió de que, a primera vista, parece una decisión tomada por motivos económicos.

Confiar la vigilancia de una parada militar a un contratista no es un ajuste contable: es trasladar al mercado una función que el Estado asume como propia ante la Corona.

Una fuente del Ejército ha señalado que ningún contratista puede ofrecer a los soldados y al público el mismo grado de garantía ante una amenaza real. El precedente que sobrevuela el debate es el intento de asesinato del teniente coronel Mark Teeton en 2024, un caso que se sigue en los tribunales en plena revisión del modelo.

Trooping the Colour

En el plano político, el responsable de Defensa del gabinete en la sombra, James Cartlidge, ha calificado el cambio de ‘muy preocupante’ y ha reclamado al Gobierno una garantía urgente de que estos actos seguirán protegidos como corresponde. El diputado liberal demócrata Mike Martin, miembro del comité de Defensa del Parlamento, fue más lejos y lo tachó de ‘escandaloso’, con el argumento de que rebajar la protección policial en citas de esta visibilidad erosiona la resiliencia de la seguridad nacional en su conjunto.

La seguridad como extensión del protocolo: qué revela este recorte

El debate tiene una lectura que va más allá del presupuesto. En el ceremonial monárquico, la seguridad no es un servicio accesorio: es parte de la escenificación del Estado. Un desfile del cumpleaños del Rey como Trooping the Colour existe porque el público puede acercarse, y esa cercanía solo se sostiene con un dispositivo de orden público en manos de una autoridad con potestad para detener, dispersar y responder penalmente. Un contratista puede vigilar; no puede sustituir esa potestad.

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La comparación europea ayuda. En España, los actos de la Corona y el ceremonial militar siguen apoyados en cuerpos del Estado para la protección inmediata; en Países Bajos o en Dinamarca, la policía nacional mantiene la competencia. Reino Unido se adentra en un modelo híbrido en el que la capa visible, el desfile, la música y la multitud, no cambia, pero la capa invisible sí. Y ahí está el riesgo de imagen: si un incidente obliga a revisar la fórmula, la discusión dejará de ser contable y pasará a ser institucional, con la Corona en el centro del relato aunque no haya tomado la decisión.

La Casa Real británica no decide sobre su propia protección en estos actos: la competencia es policial. Eso protege al Palacio de la responsabilidad directa, pero no de la percepción. Lo que sí puede hacer, y lo que en Zarzuela se cuida con celo, es medir la distancia entre el acto y el dispositivo: cuánta policía se ve, cuánta no se ve y qué se comunica con ello.

Queda una incertidumbre razonable. La policía metropolitana sostiene que su apoyo futuro se decidirá caso por caso, según la evaluación de amenaza, daño y riesgo, con agentes desplegados donde sea operativamente necesario. La primera prueba llegará en noviembre, con el primer gran ceremonial cubierto bajo el nuevo esquema. Será la ocasión de comprobar si el aforo, los tiempos y el despeje de calles se sostienen con el mismo estándar o si el ahorro se acaba pagando en imagen.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: Trooping the Colour, las salvas y el Cambio de Guardia son el núcleo del ceremonial monárquico británico y concentran miles de asistentes en espacios abiertos.
  • El detalle de protocolo: la protección de estas citas no depende del Palacio, sino de la Metropolitan Police; el recorte no altera el rito, pero modifica quién garantiza el orden público.
  • Próximos pasos: el nuevo esquema entra en vigor en noviembre y la policía decidirá su presencia en cada acto según la evaluación de amenaza y riesgo, sin calendario público cerrado.