EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Reserva Federal (Fed) ha autorizado la compra de Webster Bank por parte de Santander, por 12.200 millones de dólares.
- ¿Quién está detrás? La operación, la mayor de Santander en EE. UU., ya contaba con el visto bueno del BCE, la OCC y los accionistas de Webster.
- ¿Qué impacto tiene? Refuerza la base de depósitos en el noreste de EE. UU. y acelera el nuevo plan estratégico del grupo.
La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ha autorizado definitivamente la compra del banco regional Webster Financial por parte de Banco Santander, valorada en 12.200 millones de dólares (unos 10.300 millones de euros). La operación, que se espera cerrar el próximo 20 de agosto, representa la mayor adquisición del grupo en el mercado estadounidense y una de las más relevantes desde que Ana Botín asumió la presidencia.
El anuncio de este miércoles pone fin a una espera que comenzó en febrero, cuando ambas entidades hicieron pública la transacción. Desde entonces, la compra ha ido superando cada uno de los hitos regulatorios: el respaldo de los accionistas de Webster a finales de mayo, el visto bueno de la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC) el 12 de junio y la aprobación del Banco Central Europeo el pasado 21 de julio.
La luz verde de la Fed era el último obstáculo y, con él, Santander sella un movimiento estratégico que redibuja su presencia en Estados Unidos. No es solo una cuestión de tamaño: Webster Financial, matriz de Webster Bank, aporta una cartera de depósitos de particulares y empresas muy estable, un activo que se ha revalorizado enormemente desde la crisis de Silicon Valley Bank. En un entorno en el que la financiación mayorista se encarece, disponer de una base de depósitos como la de Webster reduce la dependencia de los mercados y da músculo para seguir prestando.
La entidad adquirida, con sede en Stamford (Connecticut), atesora cerca de 200.000 millones de dólares en activos y está especializada en banca minorista, comercial y gestión patrimonial. Su área natural de influencia —Connecticut, Massachusetts, Rhode Island, Nueva York y Pensilvania— es una de las de mayor renta del país y encaja como un guante con la red que Santander ya tiene desplegada a través de Santander Bank, Openbank y su financiera de automóviles.
“Santander US y Webster encajan a la perfección”, ha afirmado Ana Botín en un comunicado difundido ayer. La presidenta del grupo subrayó que la combinación, apoyada por las plataformas globales y la tecnología del banco español, permitirá crear “un banco más sólido y con la escala necesaria para ofrecer un mejor servicio a nuestros clientes”. Además, situará a la entidad “en una posición privilegiada para construir uno de los bancos con mejores resultados entre sus competidores en Estados Unidos”.
El movimiento no es improvisado. Santander llevaba meses buscando un socio o una adquisición que le diera profundidad en el noreste, donde el banco español ya compite pero carecía de la capilaridad que exige un mercado tan fragmentado. Webster, fundado en 1935 y con un nicho muy consolidado en financiación al sector sanitario, le ofrece justo eso: escala, clientes y un perfil de riesgo complementario.
El encaje estratégico: por qué Webster es la pieza que faltaba
La compra de Webster no es una simple suma de balances. Santander EE. UU. gana con ella una fuente de depósitos estables que, según cálculos internos, le permitirá acelerar el cumplimiento de su nuevo plan estratégico. Una vez completada la integración —prevista para los próximos meses—, el retorno sobre el capital tangible (RoTE) de la división estadounidense se acercará al 18 % en 2028, al tiempo que el beneficio por acción del grupo aumentará entre un 7 % y un 8 %.
Además, la operación está diseñada para generar un retorno sobre la inversión próximo al 15 %, un umbral que Santander considera muy atractivo en el entorno de tipos actual. Los analistas consultados coinciden en que la clave estará en la rapidez con la que se ejecute la integración tecnológica y en la retención de los clientes de Webster, sobre todo los del segmento sanitario, un nicho muy sensible a la relación personal.

Lo que cambia para Santander y para el tablero financiero español
Aunque la operación se cierra a miles de kilómetros de Madrid, su impacto sobre el grupo español es directo. Estados Unidos pasará a aportar una porción mayor de los ingresos recurrentes del banco, lo que diluye la dependencia de Latinoamérica y del propio mercado europeo. Para un grupo con la diversificación geográfica de Santander, reforzar el negocio en la primera economía del mundo es una apuesta de largo recorrido que ahora recibe el sello definitivo de los reguladores.
El calendario inmediato es claro: hasta el 20 de agosto ambas entidades seguirán operando de forma independiente y los clientes de Webster no notarán ningún cambio. A partir de esa fecha comenzará la integración operativa, que se hará de forma progresiva. La mayor parte de los negocios de Webster se incorporarán a Santander Bank N.A., aunque algunos nichos especializados, como la financiación sanitaria, podrían mantenerse como unidad separada.
La compra de Webster es la mayor operación de Santander en EE. UU. desde que Ana Botín lidera el grupo y la que le dará la escala con que competir en el noreste.
Con esta adquisición, Santander firma su mayor operación corporativa en Estados Unidos desde la presidencia de Ana Botín y una de las más significativas de la banca española fuera de Europa en los últimos años. El movimiento llega además en un momento en que los grandes bancos internacionales miran de nuevo a Norteamérica con apetito, tratando de capturar el margen que ofrece un mercado de depósitos aún atomizado y con tipos de interés que, aunque en descenso, siguen siendo superiores a los de la zona euro.
