El retroceso democrático en México amenaza el primer mercado exterior de BBVA y Santander

El partido de la presidenta Sheinbaum aprobó en junio una ley que permite anular cualquier elección si el Gobierno detecta injerencia extranjera. Los grupos españoles con intereses en México afrontan un marco jurídico cada vez menos previsible.

México aprobó en junio una ley que permite anular elecciones por ‘injerencia extranjera’. BBVA tiene ahí su primer mercado exterior.

El texto salió adelante en el Congreso a instancias de Morena, el partido de la presidenta Claudia Sheinbaum, y lo hizo deprisa y entre las advertencias de buena parte del arco parlamentario y de los observadores internacionales. La norma habilita tumbar cualquier comicio —legislativo, de gobernador o presidencial— si el Gobierno concluye que medió una injerencia foránea.

Lo califica sin rodeos el análisis de Americas Society/Council of the Americas (AS/COA): un nuevo episodio de retroceso democrático en México. Y llega en un momento delicado, porque el país camina hacia las elecciones intermedias de 2027.

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Qué cambia de verdad con esta ley en México

Vamos por partes. Sobre el papel, la norma se presenta como un escudo contra injerencias externas. En la práctica, deja en manos del Ejecutivo decidir qué es una injerencia y cuándo basta para tumbar unas elecciones. El árbitro y el interesado serían la misma persona, y ahí está todo el problema.

El precedente incomoda porque México ya vivió impugnaciones electorales largas y judicializadas. La diferencia es que ahora la decisión no dependería solo de un tribunal, sino de una valoración política. Conviene recordar que la arquitectura electoral mexicana —el INE, el Tribunal Electoral— se construyó precisamente para blindar los comicios frente a la presión del poder.

Y aquí está la clave que casi nadie cuenta: la ley no necesita aplicarse para surtir efecto. Su sola existencia cambia el cálculo de quien invierte. Una empresa planifica a diez años; un inversor, a una legislatura. Si el marco puede moverse según quién gobierne, la prima de riesgo del país sube sin que nadie toque un tipo de interés.

Una norma capaz de anular elecciones por decisión política no golpea solo a los votantes: encarece cada euro que España tiene invertido en México.

Por qué México es el mercado que España no puede perder

Para BBVA, México no es un mercado más: es su primera plaza exterior y aporta en torno a la mitad del beneficio del grupo. Cualquier deterioro del Estado de derecho se traduce en un golpe al conjunto de la entidad. Los analistas lo repiten cada trimestre: el banco que preside Carlos Torres es, en la práctica, medio mexicano.

Santander tiene en México una de sus filiales más rentables, y Telefónica opera allí a través de Movistar. Iberdrola, por su parte, ya redujo su exposición en 2024, cuando vendió la mayoría de su negocio mexicano a Mexico Infrastructure Partners. La foto es la de varios grupos del Ibex 35 con miles de millones comprometidos.

BBVA México

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¿Y qué dicen las empresas? Poco, y ese silencio es elocuente. Ninguna compañía cotizada critica en público a un Gobierno anfitrión. Pero los informes de riesgo que manejan puertas adentro ya incorporan la variable institucional. Cuando el Estado de derecho se debilita, el capital no huye de golpe: simplemente deja de llegar el siguiente proyecto.

España es el segundo inversor extranjero en México, solo por detrás de Estados Unidos, con intereses que abarcan la banca, la energía y las telecomunicaciones. Esa relación se ha construido durante décadas y ha sido una de las más sólidas del continente. Y es justo el tipo de vínculo que un Estado de derecho debilitado acaba poniendo en cuestión.

Lo que enseña el precedente latinoamericano

Esto ya se ha visto antes. Durante los años noventa y dos mil, varios países de la región aprobaron reformas que concentraron poder y erosionaron los contrapesos. La inversión extranjera no se marchó de un día para otro; se fue enfriando, proyecto a proyecto, hasta que el diferencial de crecimiento se volvió insostenible. El daño de un retroceso institucional es lento y silencioso.

El patrón importa porque el capital extranjero rara vez se marcha con estruendo. Se queda, pero exige más garantías, acorta plazos y sube la prima que reclama. Para la banca española, que lleva tres décadas apostando por México, ese ajuste silencioso puede acabar costando más que cualquier multa.

Para España, la lectura es doble. Primera, económica: México es uno de los pocos mercados donde la banca española es líder, y ceder posición allí es cederla en todo el continente. Segunda, de imagen: la marca España viaja unida a la de sus empresas, y un socio que debilita sus instituciones salpica la reputación de quienes apostaron por él.

Habrá que seguir con lupa el calendario. Las elecciones intermedias de 2027 medirán si este giro se consolida, y los resultados de la banca en los próximos trimestres dirán si el mercado empieza a poner precio al riesgo político. De momento, la señal es clara: en México, el riesgo país —la prima extra que exige un inversor por operar en un Estado— ya no es solo económico.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: En junio, el partido de la presidenta Sheinbaum aprobó en el Congreso mexicano una ley que permite anular elecciones si el Gobierno detecta ‘injerencia extranjera’.
  • Datos importantes: México es el primer mercado exterior de BBVA y una plaza clave para Santander, Iberdrola y Telefónica. Las elecciones intermedias llegan en 2027.
  • Resumen: El debilitamiento del Estado de derecho encarece la inversión española y expone a los grupos del Ibex con más peso en Latinoamerica.